A estas horas, miles de personas están sepultadas bajo los escombros de las edificaciones derruidas en Caracas, La Guaira, Montalbán, Maracay, etc.
A las 6:04 p.m.
del jueves 24, en Venezuela ocurrió un “doblete sísmico”, con apenas 39 segundos de diferencia.
Dos terremotos de magnitudes distintas (7.2 y 7.5) y dos epicentros separados entre sí por 39 km.
Las imágenes están ahí.
Pasadas las primeras 36 horas, la carrera contra el reloj es lo único importante.
Atrapadas habrá víctimas mortales, pero también hay supervivientes que esperan ser localizados y rescatados.
Ningún país del mundo está preparado en términos institucionales, estructurales, organizacionales, recursos humanos especializados e infraestructura logística de apoyo, para, a nivel individual, hacer frente a una tragedia de esta dimensión.
Así como las primeras horas son críticas para aumentar la tasa de supervivencia de los desaparecidos bajo los escombros, así la ayuda internacional debe expresarse en este momento crítico, dejando a un lado intereses o banderías políticas e ideológicas.
Este no es el momento de analizar legislaciones o sistemas de prevención; ni mucho menos perder tiempo en ponderar el impacto futuro que podría o no tener la gestión del proceso de emergencia nacional por parte del gobierno, en su supervivencia política o descalabro definitivo.
Este es el momento de la ayuda incondicional, oportuna e inmediata.
Hizo bien el presidente Luis Abinader en expresar, en nombre de todo el pueblo dominicano, “nuestra más profunda solidaridad ante la tragedia causada por el devastador terremoto”, así como disponer que en el día de ayer partieran “equipos especializados en búsqueda, rescate y atención de emergencias de nuestras Fuerzas Armadas para apoyar las labores”.
Ciertamente, el primer mandatario habló en nombre de todo el pueblo dominicano, porque en sus palabras se hacía eco de un sentir nacional de consternación, dolor… pero también de nuestro profundo compromiso como pueblo de apoyar a nuestros hermanos venezolanos en estos difíciles momentos.
Corresponde también al gobierno establecer mecanismos y protocolos para canalizar con transparencia y urgencia las ayudas que la ciudadanía, empresas y grupos organizados deseen donar.
Aún en tiempos de restricciones presupuestarias como el que vivimos, corresponde a nivel de Estado disponer de recursos extraordinarios en la medida de nuestras posibilidades, que respondan a las necesidades urgentes del pueblo venezolano.
En esas horas aciagas, toca apoyar al gobierno de ese país, por muy interino que sea, porque es ese gobierno quien tiene el mandato, la obligación delegada y la capacidad de liderar la capacidad de respuesta institucional que la urgencia de la crisis humanitaria requiere.
Luego vendrá el tiempo de pensar en cómo podemos reforzar los mecanismos nacionales que pongan nuestro país en una mejor posición de reaccionar y responder ante fenómenos así a nivel local.
Debemos hacer eso.
Ahora toca apoyar los esfuerzos de búsqueda y rescate, enviar agua e insumos esenciales, reconfortar a los supervivientes y rezar por todas las víctimas.
Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES Protagonista Edición impresa SOLIDARIDAD ODONTOLOGÍA.











