El hierro de la Torre Eiffel quema.
A sus pies, cientos de turistas se disputan los escasos metros de sombra del Campo de Marte , se refugian bajo los brumizadores de las fuentes o se abanican con lo que encuentran mientras consultan el móvil.
Muchos acaban de descubrir que hoy tampoco podrán subir al monumento más visitado de Francia.
Por segundo día consecutivo , el acceso ha sido interrumpido de forma anticipada a debido al calor extremo.
«Visitar París así es horrible», resume a EFE un turista estadounidense con un ventilador en la mano.
Con el termómetro rondando los 39 grados y una sensación térmica aún mayor, la Torre Eiffel ha adelantado su cierre a la una de la tarde.
Solo han permanecido abiertos hasta las cuatro los espacios de restauración para quienes ya tenían reserva.
«Nos ha afectado mucho y muy mal», dice Jaime , un turista de Murcia que viaja con su mujer y sus dos hijos adolescentes.
«Estamos a un paso de sofocarnos y marearnos «.
La familia había reservado la subida a la Torre Eiffel , pero no ha podido acceder.
«Nos ha trastocado todo», lamenta antes de marcharse en su último día en la ciudad.
El calor ha obligado a reorganizar itinerarios completos.
Hay visitantes que cancelan cruceros por el Sena , otros renuncian al barrio del Marais o a recorrer la ciudad en autobús turístico.
Hélie Rubert , peruana residente en Suiza, también ha visto cómo cambiaban sus planes.
Tenía una reserva en el restaurante de la Torre Eiffel , ahora anulada.
«Es terrible, jamás sentí un calor como ahora», afirma sentada a la sombra.
«Ya tengo ganas de irme.
Nunca había sufrido un calor tanto como este», declara.
También ha descartado visitar el Louvre y critica la falta de aire acondicionado en parte del transporte turístico.
«Quería hacer el bus turístico , pero es igual que caminar por la calle.
No tiene aire acondicionado «, explica.
En un paseo por el Sena vivió otra escena inesperada: «Había tantísima gente y tanto calor que una señora se puso mal y tuvieron que llamar a la ambulancia «.
Las quejas se repiten entre quienes utilizan barcos turísticos , autobuses o transportes urbanos , donde el aire acondicionado es inexistente o insuficiente en muchos casos.
París , una ciudad pensada para recorrerse a pie y habitualmente disfrutada caminando, se ha vuelto prácticamente imposible de pasear.
El calor afecta también a los trabajadores del entorno del monumento.
Nessim atiende un puesto de comida junto a la entrada de la Torre Eiffel.
«Aquí dentro hace todavía más calor», asegura mientras señala las máquinas de hielo , los frigoríficos y las planchas.
La caída de visitantes ha obligado además a reducir la jornada.
«Hay menos gente», comenta.
La imagen de una Torre Eiffel parcialmente cerrada refleja una jornada excepcional en una ciudad acostumbrada a recibir millones de turistas cada verano.
París sigue llena de visitantes, pero el objetivo ya no es recorrer la ciudad.
Es protegerse y resistir el calor.
Fehaciente, fidedigno y fácil.
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