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Valoración del presidente Espaillat

Al conmemorar los 150 años del ascenso a la Presidencia de la República de Ulises Francisco Espaillat, el Gobierno constituyó una Comisión del Sesquicentenario para coordinar las actividades de esa efeméride, en la Feria Regional del Libro de Santiago y se concluyó con otorgarle póstumamente la máxima condecoración dominicana: la Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Gran Cruz Placa de Oro.

La honradez e integridad fueron el sello distintivo de su corta gestión gubernamental, que apenas duro cinco meses y cinco días (entre el 29 de abril al 5 de octubre de 1876), dejando como impronta el firme compromiso de una administración pública sustentada en valores.

Cuando se ejercen funciones públicas, quienes las ocupan se ven muchas veces abocados a gestionar las complicaciones que se les van presentando como una consecuencia directa del ejercicio mismo del cargo que ocupan.

Se presentan situaciones ineludibles que obligan su accionar.

Después de estudiar y valorar el personaje, entiendo que esto le sucedió a Espaillat.

Cuando el 7 de julio de 1857 estalló en Santiago el levantamiento instigado por los tabaqueros del Cibao contra las medidas financieras adoptadas por el gobierno de Buenaventura Báez, Espaillat fue uno de sus promotores y el de la iniciativa de que se formara un Gobierno Provisional.

Se realizó un manifiesto, se conformó un gobierno presidido José Desiderio Valverde, Benigno Filomeno Rojas como vicepresidente y Espaillat como Ministro de Interior y Policía, y hasta se promulgó la Constitución de Moca, el 21 de febrero de 1858.

Esto provocó la renuncia de Báez el 12 de junio de 1858, quien se fue al exilio.

Como parte de sus funciones, el 24 de julio de 1858, le correspondió a Espaillat firmar con el presidente Valverde, un decreto ordenando la incautación de los bienes de Báez.

Una medida sin precedentes en el país.

Pero nunca se imaginaron el retorno de Báez al poder, quien desterró a Espaillat del país.

Otro acontecimiento producto de sus funciones y alianza con Santana, fue cuando en 1861 firmó el Acta de Anexión a España, para dos años después retractarse y oponerse a la misma, como un gesto de reivindicación, llegando a ser canciller y vicepresidente del Gobierno restaurador, instaurado el 14 de septiembre de 1863.

El 29 de abril de 1876, tras unas elecciones nacionales, asumió como presidente de la República, siendo derrocado 5 meses después por Ignacio María González.

La valoración de Espaillat es muy positiva, supo retractarse y nunca lesionó el erario.

Sus aportes fueron trascendentales en erigir una ética pública.

El historiador Julio Genaro Campillo Pérez expresó sobre Espaillat, que este “prefirió sucumbir antes que ser pragmático.

Fracasó en el mando por no abandonar las virtudes.

Fue derribado por mirar hacia las alturas y no hacia abajo, rehusando complacer las exigencias de caciques y politiqueros dominados por la ambición y por la lujuria, por la bebida y por el juego, y más que nada por el enriquecimiento ilícito”.

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