La NBA cambió reglas por él y su récord de 100 puntos en 1962 sigue siendo el más grande de la historia
Wilton Norman Chamberlain nació hace 90 años y revolucionó el baloncesto con una combinación única de tamaño, velocidad y habilidad. Su partido de 100 puntos en 1962 y su lucha contra la soledad de ser un gigante lo convirtieron en un fenómeno global.
Wilton Norman Chamberlain nació el 21 de agosto de 1936 en Filadelfia, Pensilvania, y falleció el 12 de octubre de 1999. La evidencia remite su origen a esa ciudad, pero sus pasos hasta convertirse en un titán de 2,16 metros lo describen como un atleta integral y sin par: corría los 400 metros lisos con ritmo de gran velocista, saltaba con registros de nivel olímpico y fue figura hasta en canchas de arena antes de aparecer en 1984 como el imponente guerrero Bombaata en Hollywood, rival de Arnold Schwarzenegger en ‘Conan el Destructor’.
La mítica noche del 2 de marzo de 1962, en el Hershey Sports Arena, el pívot de 125 kilos y 26 años aportó 100 puntos a la victoria por 169-147 de los Warriors de Filadelfia sobre los Knicks de Nueva York. Acertó 36 de 63 tiros de campo y 28 de 32 tiros libres en 48 minutos de juego real. En más de seis décadas, nadie se ha acercado a semejante hazaña, de la que no existen registros de televisión. Solo la radio y el lente del fotógrafo Paul Vathis, de Associated Press, dieron testimonio ante 4.124 aficionados atónitos.
En aquella temporada 1961-1962, Chamberlain promedió 50,4 puntos por juego. Su don ya había avisado en 1955, cuando marcó 90 puntos con la escuela preparatoria Overbrook. Para ponerlo en perspectiva: hoy un baloncestista es una superestrella si promedia 30 puntos. A la cumbre que construyó el gigante Wilt solo se acercó Kobe Bryant con sus 81 tantos en 2006.
Antes de irrumpir en la NBA, jugó con los legendarios Harlem Globetrotters, con quienes recorrió el planeta e incluso ayudó a derretir las barreras de la Guerra Fría en Moscú. Sin embargo, dentro de esa armadura de invencibilidad habitaba un hombre sensible, solitario y melancólico. Al aludir a su estatura, patentó una frase brutal: «Nadie se identifica con Goliat». Sentirse tan grande le parecía a veces una maldición. Entendía que el público prefería ver ganar «a David», a sus rivales, a los que se mostraban más débiles. Tanto temían su poder que la NBA tuvo que ensanchar la zona restrictiva de las canchas para alejarlo del aro, prohibió los pases de «alley-oop» por encima del tablero en saques de fondo y cambió la regla de los tiros libres, porque Wilt era capaz de saltar desde la línea de falta y volcar la pelota sin tocar el suelo. Sus duelos con Bill Russell, el legendario pívot de los Celtics, marcaron una era.











