Una crisis que exige respuestas múltiples
La República Dominicana dispone de un gabinete presidencial dedicado exclusivamente a la crisis del sargazo, una ventaja institucional respecto a la mayoría de los países de la región. No obstante, un organismo sin políticas concretas no pasa de ser una declaración de intenciones. El país requiere decisiones específicas que conviertan este problema en una oportunidad industrial.
La alarma tiene fundamento científico. Durante 2025, los especialistas registraron 38 millones de toneladas métricas de sargazo flotando entre el Atlántico y el Caribe, prácticamente el doble del récord precedente. La temporada actual se perfila igualmente desafiante.
Millones gastados en el síntoma
Desde 2020, la administración dominicana y el sector hotelero han desembolsado de manera conjunta más de 11 millones de dólares únicamente en labores de contención y limpieza de playas. Se está invirtiendo una fortuna en gestionar el síntoma sin haber financiado seriamente las soluciones de fondo.
Cada temporada arriban con el alga nuevas propuestas milagrosas: sistemas de recolección novedosos, productos revolucionarios. Algunas ideas poseen mérito, pero el obstáculo nunca ha sido la escasez de creatividad, sino la ausencia de condiciones que transformen una buena idea en un negocio viable y sostenible.
El modelo alemán como referencia
A principios de mayo, una delegación del Caribe visitó Múnich invitada por el BioWaste Caribbean Project de la agencia alemana GIZ. Alemania procesa anualmente 12 millones de toneladas de residuos orgánicos a escala industrial y rentable. Gran parte de esa experiencia podría aplicarse al manejo del sargazo, combinándolo con otros desechos orgánicos nacionales que también representan un desafío pendiente para el país.










