Vía Tecnológica | Rocío Díaz Los efectos nocivos de la tecnología en la educación Fuente externa Creado: 03.06.2026 | 12:26 Actualizado: 03.06.2026 | 12:26 ¿Es la tecnología un aliado o un enemigo de la educación? Por años se vendió la idea de que Internet es un recurso vital para asegurar un acceso más igualitario a información y conocimientos.
De esa visión surgieron iniciativas como One Laptop Per Child y toda una generación de herramientas educativas basadas en dos pilares fundamentales: conexión a Internet y pantallas.
Con el tiempo, libros, cuadernos, lápices y lapiceros comenzaron a ser sustituidos por pantallas y teclados.
El problema es que esta transformación no puede verse como algo simple o aislado.
La reducción del uso de medios físicos de lectura y escritura implica también una disminución en funciones motoras y conexiones cerebrales importantes para el aprendizaje y la memoria, afectando tanto a estudiantes como a docentes.
La tecnología, paradójicamente, convirtió la educación en una experiencia más plana y excesivamente “fácil”, con consecuencias negativas en rendimiento, desarrollo de habilidades y adquisición de conocimientos reales.
Gracias a aplicaciones, calculadoras, correctores automáticos e Internet, ya casi nadie realiza cálculos manuales, se preocupa por la ortografía o memoriza información.
A esto se suma ahora la inteligencia artificial, que representa un desafío adicional en tareas, investigaciones y trabajos académicos.
Aunque existe una tendencia a presentar la digitalización educativa como un avance inevitable, pocas veces se discuten sus efectos secundarios.
La facilidad para acceder a información no necesariamente se traduce en comprensión, análisis o capacidad crítica.
Tener respuestas disponibles en segundos no equivale a aprender, del mismo modo que disponer de una calculadora no garantiza entender matemáticas.
En República Dominicana el problema no radica únicamente en la sustitución de métodos tradicionales, sino también en la enorme distracción que representan celulares, redes sociales y pantallas dentro del aula.
Se ha demostrado repetidamente que estos dispositivos reducen la concentración, afectan el rendimiento académico y agravan fenómenos como el bullying, el acoso y otros conflictos entre estudiantes.
No se trata de una realidad exclusiva del país, sino de una tendencia observada en sistemas educativos de todo el mundo.
Es precisamente en este contexto que surgen los nuevos lineamientos anunciados por el Ministerio de Educación para regular el uso de dispositivos móviles en centros educativos públicos y privados.
La iniciativa tiene sentido y sigue pasos similares adoptados en países como Australia, Francia y Estados Unidos.
Sin embargo, uno de los puntos más discutibles es que las restricciones parecen concentrarse principalmente en los niveles inicial y básico, mientras que la educación media queda con márgenes más flexibles.
Y precisamente es en la adolescencia donde la influencia de redes sociales, contenidos virales y dinámicas digitales suele ser más intensa, convirtiendo el celular en un factor de distracción mucho más difícil de controlar.
También conviene recordar que la baja calidad educativa no puede atribuirse únicamente a la tecnología.
Existen problemas estructurales relacionados con currículos desactualizados, personal docente poco preparado o desmotivado y métodos de enseñanza que muchas veces no fomentan el pensamiento crítico ni el aprendizaje independiente.
Limitar el uso de celulares puede ser una medida positiva, pero debe formar parte de una revisión más profunda del sistema educativo.
La educación no consiste simplemente en leer un libro, físico o digital, y aprobar un examen.
Se trata de un proceso integral que incluye conocimientos, convivencia, disciplina, pensamiento crítico y sentido común correctamente aplicado.
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