En República Dominicana, una maestra y sobreviviente de mieloma múltiple enfrenta una recaída con un 60% de células plasmáticas, pero los fármacos de tercera línea que necesita no están en el programa de alto costo. Su caso evidencia una tendencia regional: la brecha entre la innovación médica y el acceso real para los pacientes.
El drama de la docente, diagnosticada en 2022 con mieloma múltiple, vuelve a poner sobre la mesa un problema de salud pública que trasciende fronteras: los tratamientos de tercera línea, como pomalidomida y carfilzomib, son efectivos pero inaccesibles para la mayoría de los pacientes en América Latina. En su caso, cada medicamento cuesta 70 mil pesos semanales, más casi 100 mil en pastillas, un costo que ninguna familia promedio puede asumir.
La paciente, que ya superó una primera batalla con 24 sesiones de tratamiento y un trasplante autólogo, relata que muchos enfermos ni siquiera saben que estas opciones existen. «El desconocimiento es lo que hace que mucha gente se muera sin recibir tratamiento», afirma. Esta realidad se replica en países de la región donde los sistemas de salud pública no incorporan terapias innovadoras a tiempo.
El caso también destaca la resistencia al Daratumumab, el único medicamento aprobado en alto costo, lo que deja a los pacientes sin alternativas. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que el acceso equitativo a medicamentos oncológicos es un desafío global, y República Dominicana no es la excepción, especialmente con el envejecimiento poblacional y el aumento de casos de cáncer.
La maestra, madre y esposa, recuerda que su cuerpo comenzó a dar señales en 2020 con anemia persistente, y que fue operada de miomas antes de recibir el diagnóstico el 8 de diciembre de 2021. «Dios ha hecho un milagro conmigo», dice, pero subraya que la fe no basta: se necesitan políticas públicas y presión social para que los tratamientos de tercera línea sean incluidos en los programas de cobertura, no solo en el país, sino en toda la región.
Su historia resuena con la diáspora dominicana, que muchas veces debe viajar al extranjero para acceder a terapias avanzadas. La tendencia internacional apunta a la necesidad de alianzas público-privadas y acuerdos con farmacéuticas para reducir costos y garantizar que ningún paciente muera por ignorancia o falta de recursos.










