A pesar de apagones y escasez, la compañía mantiene sus funciones y cautiva al público
En un contexto de grave crisis energética en Cuba, el Ballet Nacional de Cuba continúa presentándose con éxito, demostrando la fortaleza de una tradición artística que trasciende fronteras. La historia de la joven bailarina Laura Kamila Rojas refleja el espíritu de una compañía que no se detiene.
Con transporte escaso y apagones de más de 20 horas, la bailarina cubana Laura Kamila Rojas ensaya un pas de deux de Don Quijote en La Habana y se refugia en el arte para sobrellevar la crisis. Solista del Ballet Nacional de Cuba (BNC) desde hace un año, esta bailarina afrocubana de 25 años vive un momento clave de su carrera mientras la escasez de combustible ha reducido drásticamente la vida cultural del país.
«Ha sido un poco difícil», cuenta Rojas a la. «Los apagones a veces no me dejan descansar, pero siempre hago lo posible. Me levanto y me digo que sí puedo lograrlo, y sigo avanzando». Recientemente interpretó por primera vez el papel de Swanilda en el pas de deux de Coppélia y su talento no pasó desapercibido. «¡Bravo, Kamila!», le gritó el público tras una impecable secuencia de saltos con giro durante una función en abril en el Teatro Nacional de Cuba.
Nacida en el barrio de Jesús María, en La Habana, creció rodeada de música. Su padre dirige un grupo folclórico del que su madre fue bailarina. Cada día recorre como puede los cinco kilómetros que separan su casa de la sede del Ballet, en el Vedado. «Si hace falta (…) vendría caminando», asegura. Por la falta de combustible, los autobuses de la compañía están reservados a los días de función y los ensayos se han reducido a cuatro horas diarias para ahorrar electricidad.
Para la directora del Ballet Nacional y primera bailarina, Viengsay Valdés (49), esta determinación es compartida por toda la compañía. «Tienen mucho talento y muchas ganas de bailar, y eso es fundamental», afirma. «El bailarín necesita la escena», enfatiza Valdés. «Si se detienen, hay que volver a entrenar ese cuerpo». A pesar de las dificultades, la sala de 2.000 butacas del Teatro Nacional está casi llena durante las funciones, cuyos horarios se han adaptado a la disponibilidad de electricidad. En Cuba, el ballet forma parte de la vida cultural desde la Revolución de 1959, impulsado por Alicia Alonso (1920-2019).









