Máx Puig, vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mercado de Carbono.
“La adaptación al cambio climático no se construye cuando se anuncia un huracán y mucho menos atendiendo a los afectados por su paso, comienza mucho antes, cuando protegemos una cuenca hidrográfica, conservamos los bosques, usamos el agua de manera eficiente y fortalecemos nuestros sistemas de alerta temprana para responder de manera oportuna a los eventos meteorológicos extremos”.
La cita es del vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mercado de Carbono (CNCCMC), Max Puig, durante su intervención en la tercera edición del evento “SOS agropecuario: ¿cómo protegerte ante la temporada ciclónica?”, organizado por la Dirección General de Riesgos Agropecuarios (Digera).
Puig hizo un llamado urgente a fortalecer la preparación y prevención del sector agropecuario ante los crecientes desafíos climáticos que enfrenta República Dominicana.
En ese sentido, destacó la importancia de construir infraestructuras más resilientes para asegurar la protección de los medios de vida de las personas, “pero también es necesario brindar más información climática oportuna a nuestros productores agrícolas y que la planificación del desarrollo económico y social tome en cuenta los riesgos climáticos”.
Acción.
Puig resaltó la importancia de la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0), que definió como “la hoja de ruta fundamental para la acción climática en el país”.
Recordó que, según estimaciones, los impactos del cambio climático podrían representar pérdidas anuales equivalentes al 0.9 % del Producto Interno Bruto (PIB), afectando principalmente la infraestructura.
Para mitigar estos riesgos, señaló que la implementación de las acciones prioritarias de adaptación requerirá una inversión superior a los 12 mil millones de dólares hacia 2035 en sectores estratégicos como el agua, la agricultura, la salud y el turismo, sectores fundamentales para el desarrollo económico de la República Dominicana.
Tecnología.
Puig también abordó el uso de herramientas tecnológicas avanzadas para la toma de decisiones, destacando el valor del Atlas de Riesgo y Vulnerabilidad ante Emergencias (ARVE) y el acceso al programa de observación geoespacial Copernicus de la Unión Europea, que permiten a los productores contar con pronósticos climáticos estacionales y monitoreo satelital de cultivos en tiempo real.
“Un agricultor que conoce con anticipación el comportamiento esperado del clima puede proteger su cosecha, reducir pérdidas y organizar mejor sus inversiones, es decir, que es capaz de reducir el riesgo económico de su actividad económica”, explicó.
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