Marta Quéliz, editora L2 ¿Será verdad? Qué triste que ahora tengamos que hacernos esta pregunta cada vez que vemos, leemos o escuchamos algo.
Nadie cree en nada ni en nadie.
Estamos en la era de las dudas.
La protagonista ahora es la llamada postverdad, donde la verdad pasa a un segundo plano para darle más importancia a narrativas particulares que cada quien ajusta a su realidad.
Estamos entre tres grandes peligros: cuando no es la Inteligencia Artificial jugando a volvernos locos, son las noticias falsas que cualquiera se inventa y, como si estas dos fueran poca cosa, ahí tenemos las estrategias sin límites a las que se están recurriendo para ganar los famosos ‘views’.
Lo cierto, que no sé si es cierto (valga la risa), es que ya no sabemos a qué o a quien creerle.
A veces vemos algo tan espectacular, o tan bonito, tan conmovedor, tan triste o que despierta cualquier emoción en nosotros, y de pronto nos damos cuenta que si reímos fue por algo irreal, y que si lloramos botamos las lágrimas en vano.
Es decir, que ponemos de manifiesto nuestras emociones por algo que no es verdad y, que nos sentimos engañados por lo que algo que no existe provocó en nosotros.
Sin duda, este tipo de contenido, de narrativa, de “información” es como un atentado a nuestra inteligencia.
Las jugadas de la IA están yendo lejos, y de verdad, a mí me asustan.
Hace mucho que este engaño viene ganando terreno en los medios de comunicación.
En las redes ha encontrado un aliado perfecto para que cada día a más personas le asalte la duda de si es verdad o no.
Ahora todavía es peor lo que está ocurriendo, pues esta práctica mal intencionada cada día cobra más fuerza con la famosa IA.
En un hilo queda la reputación de las personas y de las instituciones.
A cualquiera que se le ocurre poner a correr una bola sobre cualquiera de nosotros, lo hace sin contemplación y, aunque no sea cierto, la duda queda.
Este es otro gran peligro para la credibilidad.
Las estrategias que se ponen en marcha en programas que se difunden, sobre todo, a través de las plataformas virtuales, están vulnerando la verdad.
Tanto es así que, ya la gente ve a alguien corriéndole al peligro por las calles y ni caso le hace porque cree que es un “experimento social” para alguien ganar adeptos y dinero.
Se pone a dos mujeres a matarse a golpes y no se sabe si es por los ‘me gusta’ o porque en efecto hay un motivo.
Ya creemos que todo es un montaje.
Nos utilizan como conejillos de Indias.
Y yo, viendo todo esto, prefiero ir a una ciudad fabulosa donde la verdad no abre brechas a la duda, y la mentira no es una de las fuentes más fuertes para ganar dinero.
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