El legado del Nobel que anticipó el debate sobre IA y desempleo
Mientras la inteligencia artificial transforma el empleo a nivel mundial, las ideas de George Akerlof y Robert Shiller sobre la confianza y los ‘espíritus animales’ cobran nueva relevancia para entender las recesiones y el desempleo.
El desempleo es uno de los debates más complejos y apasionantes de la economía contemporánea. En la actualidad, esta discusión adquiere una urgencia renovada con el vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA). A medida que su aplicación se generaliza —transformando la productividad laboral, la producción global y el producto interno bruto (PIB) en economías tanto desarrolladas como emergentes—, surge la necesidad de reexaminar los factores estructurales y psicológicos que determinan el mercado de trabajo.
Para abordar la naturaleza del mercado laboral, resulta fundamental acudir al pensamiento de George Akerlof, Premio Nobel de Economía en 2001. Nacido en Estados Unidos, de padre sueco y madre de origen judío, Akerlof conforma junto a su esposa, Janet Yellen, una de las parejas más influyentes en la historia de la ciencia económica. Yellen presidió la Reserva Federal (FED) entre 2014 y 2018, y posteriormente fue Secretaria del Tesoro de Estados Unidos entre 2021 y 2025.
Según Akerlof, el esfuerzo por comprender las rigideces del desempleo —por qué la oferta laboral no se equipara automáticamente con la demanda en los mercados de trabajo— constituye una ventana privilegiada para analizar, con una perspectiva mucho más amplia, el comportamiento real de los individuos, las organizaciones, los mercados y el propio sistema capitalista. Esta visión quedó plasmada en su célebre obra de 2009, ‘Animal Spirits: Cómo la psicología humana dirige la economía’, coescrita junto a Robert Shiller, profesor de la Universidad de Yale y galardonado también con el Premio Nobel en 2013. La confluencia teórica entre ambos autores fue tan íntima que Shiller llegó a comentar que sus perspectivas se habían fusionado hasta tal punto que le resultaba imposible distinguir con certeza cuál de los dos había redactado cada pasaje.
Akerlof y Shiller demostraron que la macroeconomía tradicional ha omitido históricamente variables determinantes como el sentido de equidad, la codicia y, fundamentalmente, la confianza. Estos componentes psicológicos son cruciales no solo para explicar la permanencia del desempleo involuntario, sino también para desentrañar las causas profundas de las recesiones económicas y la marcada volatilidad de los mercados financieros. Uno de los aportes centrales del libro fue revitalizar el pensamiento de John Maynard Keynes, pionero de la macroeconomía moderna. Keynes asignaba un rol determinante al estado de confianza en las fluctuaciones del ciclo económico, argumentando que las decisiones de inversión empresarial están fuertemente condicionadas por lo que denominó «espíritus animales» (animal spirits). Para el economista británico, los agentes económicos prácticos siempre otorgan una atención prioritaria al clima de confianza prevaleciente. Bajo esta perspectiva, tanto las decisiones de inversión de las empresas como las determinaciones de ahorro y consumo de los hogares están guiadas por la incertidumbre y por expectativas en permanente cambio. Cuando predomina un ambiente de confianza, la economía prospera y se expande.











