Ejecutivos piden frenar modelos avanzados mientras Wall Street sufre fuertes pérdidas
Una inusual alianza entre líderes tecnológicos como Dario Amodei, Sam Altman y Elon Musk ha desatado una tormenta en los mercados y tensiones entre Estados Unidos y China. La disputa por el control de la inteligencia artificial marca la agenda global.
Wall Street cerró ayer con pérdidas arrastradas por una fuerte caída de las empresas vinculadas a la inteligencia artificial, después de que ejecutivos de las principales compañías del sector reclamaran reducir el ritmo de desarrollo de los modelos más avanzados ante el riesgo de que escapen al control humano. El detonante fue un ensayo de Dario Amodei, presidente ejecutivo de Anthropic, en el que pidió moderar el avance de los modelos de frontera para permitir que los mecanismos de seguridad puedan ponerse al día. Amodei advirtió que agentes autónomos de inteligencia artificial podrían estar en condiciones de controlar amplias partes de internet en un plazo de seis a doce meses.
Sam Altman, presidente ejecutivo de OpenAI, respaldó la propuesta y anunció que su empresa permitirá evaluaciones independientes de sus modelos más potentes. Elon Musk, fundador de xAI, también apoyó públicamente a Amodei. Las advertencias adquirieron mayor gravedad tras la renuncia de un investigador de Anthropic, quien sostuvo que los propios desarrolladores creen que la tecnología podría representar una amenaza extrema antes de finalizar la década. La controversia golpeó a unas acciones cuyas valoraciones descansan en la expectativa de inversiones multimillonarias en chips, centros de datos, electricidad y servicios digitales.
Ejecutivos piden frenar la IA avanzada y Wall Street se desploma
La posibilidad de una pausa, aunque sea limitada, obligó a los inversionistas a reconsiderar las previsiones de crecimiento que han sostenido el auge bursátil desde 2022. Las acciones de Nvidia cayeron un 3.4 %, mientras otras fabricantes de semiconductores, entre ellas AMD, Broadcom, Micron, Intel y Marvell, sufrieron pérdidas todavía mayores. El índice de semiconductores de Filadelfia se desplomó un 5.9 %. En Japón, SoftBank, uno de los grandes inversionistas mundiales en inteligencia artificial, perdió un 10.7 %.
El presidente Donald Trump rechazó las preocupaciones. Afirmó que Estados Unidos aventaja a China y que cualquier desaceleración pondría en peligro esa posición. «Quien gane en inteligencia artificial, gana», declaró, al considerar exageradas las advertencias y atribuirlas a «fuerzas negativas». Trump sostuvo que pueden establecerse salvaguardas sin frenar la competencia tecnológica. China también reaccionó negativamente, aunque desde una perspectiva distinta. El portavoz de la Cancillería, Guo Jiakun, calificó de alarmistas las advertencias sobre el avance chino y afirmó que la confrontación perjudica la gobernanza mundial de la inteligencia artificial. Pekín cuestionó especialmente la recomendación de Amodei de mantener las restricciones estadounidenses a la exportación de chips avanzados y equipos de fabricación.
Uno de los principales temores es que los sistemas de inteligencia artificial alcancen una capacidad de razonamiento superior a la humana en numerosos campos y comiencen a mejorar su propio funcionamiento con una intervención cada vez menor de sus creadores. Esa denominada superinteligencia podría ejecutar tareas complejas, diseñar programas, identificar vulnerabilidades informáticas, producir agentes biológicos o manipular grandes volúmenes de información a una velocidad imposible para cualquier persona. El peligro no reside necesariamente en que la máquina adquiera conciencia, sino en que persiga objetivos mal definidos.










