Fallas recurrentes paralizan el transporte masivo
Las constantes interrupciones del servicio del Metro de Santo Domingo registradas durante el mes de abril desataron una crisis de movilidad que afectó a millares de usuarios del principal sistema de transporte público de la capital. Las averías, que se presentaron de manera reiterada en distintos tramos de la línea, dejaron a cientos de pasajeros varados en las estaciones durante las horas pico de mayor afluencia.
La Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) admitió públicamente las deficiencias operativas y se comprometió a ejecutar un programa intensivo de mantenimiento correctivo para restablecer la confiabilidad del sistema. Sin embargo, los problemas evidenciaron la vulnerabilidad de la red ante la falta de inversiones preventivas.
El beneficiario inesperado del colapso
Mientras el tren subterráneo sufría sus peores jornadas, los conductores de motoconchos experimentaron un incremento notable en la demanda de sus servicios, viendo disparados sus ingresos diarios de forma considerable. Ante la ausencia de una alternativa de transporte masivo funcional, miles de ciudadanos se vieron forzados a recurrir a este medio informal para llegar a sus destinos laborales y educativos.
La situación puso de relieve la dependencia que tiene la población de un sistema que, cuando falla, deja al descubierto las carencias estructurales del esquema de movilidad urbana en la ciudad primada de América. Usuarios expresaron su malestar por las horas perdidas y el gasto adicional que representó cada interrupción del servicio.









