Hay libros que uno adquiere de una forma tan inesperada que luego al leerlos, uno los disfruta mucho más, con la sensación de estar consumiendo algo más allá de lo cotidiano, al margen de las leyes, al margen del tiempo; algo tan maravilloso que inmediatamente justifica cualquier hecho que uno, como una concesión, se haya permitido para al final leerlos.
Yo estaba en casa, harto de comer techo y de malísimos programas de tv, cable, netflix, internet, facebook, instagram, etc… y salí al mall más cercano a ver gente y a que me vieran.
Lo cual ya es una concesión, pues soy más de bajar a janguear a la Zona Colonial, pero harto también de escuchar la voz de mi hermana Julissa decirme: -Muchacho, no te compliques tanto ahí trancado y métete en 360, que te queda ahí mismo.
Le hice caso.
No llevaba ni once minutos dentro del mall, cuando vi una mesa de libros, con un dependiente joven y amigable que anunciaba justo en ese momento que tenía una sección de maravillosos libros usados en buen estado, por sólo 500 pesos.
Inmediatamente pensé, me llaman.
No lo voy a negar, imaginé una pila de Reader’s Digest con letras brillantes ya cuarteadas, y guías infalibles para hacer yaniqueques o para hacer y entender definitivamente el yoga, y por supuesto la salud.
Un volumen gris llamó mi atención, sobretodo por el título: “La Conspiración de los Alcarrizos”, y más aún al ver su autor, nada más y nada menos que Max Henríquez Ureña.
Un gringo hubiera dicho …a must buy.
Yo tuve hasta la paciencia de regatear.
Obtuve mi rebaja de 100 pesos y me fuí luego a tomar café tranquilo, muy satisfecho de haber decidido ir sabiamente al mall 360, loco por argumentar con el primero que me viniera a hablar mal de los malls.
Ahora pienso, como parte de algo mucho más grande: No hay que descuidar el movimiento, finalmente la cultura en todas sus expresiones, se va adueñando de toda la capital.
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