La falta de sustancia en el discurso político marca la agenda nacional e internacional
En República Dominicana, la oposición habla por obligación, no por convicción. Casos como la remoción del general Méndez y la destitución de Cruz y Cruz revelan una tendencia preocupante: el ‘bocaflojismo’ como estrategia política.
La política dominicana enfrenta una crisis de credibilidad, evidenciada en la diferencia entre ‘tener algo que decir’ y ‘tener que decir algo’. Mientras los partidos asignan líneas semanales, los dirigentes repiten consignas vacías. La reciente remoción del general Juan Manuel Méndez del COE al INTRANT y la destitución del general Modesto Cruz y Cruz de la Policía Nacional son ejemplos claros de cómo la oposición cumple con su cuota de ruido, no con un análisis serio.
El licenciado Francisco Domínguez Brito, del PLD, sorprendió al sugerir que la ‘mafia’ pudo ser la causa de la cancelación del jefe policial, mientras que Johnny Pujols, secretario general del PLD, habló de ‘rumores’ y ‘supuestas mafias’. Estas declaraciones no solo carecen de evidencia, sino que reflejan una tendencia internacional en la política: la desinformación como herramienta de desgaste.
El Reglamento 177-18 del INTRANT define las atribuciones del director ejecutivo, pero no los requisitos. Los críticos del nombramiento de Méndez no citan normas, solo especulan. Este patrón, visto en América Latina, debilita las instituciones y aleja la inversión extranjera, un factor clave para el desarrollo nacional y la diáspora dominicana que sigue de cerca estos episodios.
El llamado es a la prudencia. Los políticos dominicanos deben reservar su turno al micrófono para cuando tengan algo que decir que edifique, enseñe o aliente. Mientras tanto, el país observa cómo el ‘bocaflojismo’ se convierte en una tendencia peligrosa que trasciende fronteras y afecta la imagen de la nación en el escenario internacional.









