Hay personas a las que no les gusta cumplir años o que sienten tristeza cuando se acerca la fecha de su natalicio.
Otras, en cambio, no permiten que ese día pase sin, al menos, un pequeño festejo.
Sentir alegría o tristeza ante la llegada de un año más de vida es un tema que merece nuestra atención.
Es más común de lo que pensamos.
Esta dicotomía refuerza la famosa frase del padre de la psicología cognitiva, Albert Ellis, quien estableció que lo que nos hace sufrir no es lo que pasa, no es el acontecimiento en sí, sino lo que pensamos al respecto; es decir, la interpretación que le damos a aquello que vivimos.
Aquí lo vemos claramente.
La situación es la misma (cumplir años), pero muchas personas la experimentan de maneras muy distintas.
Hace unos días, un paciente me hizo una pregunta a quemarropa: “¿Por qué siento tristeza cuando se acerca mi cumpleaños? No sé si eso que siento tiene nombre”.
Para su cumpleaños faltaba aproximadamente un mes y, desde entonces, ya comenzaba a experimentar cierta melancolía e incomodidad.
Por supuesto, esto tiene explicación desde varios puntos de vista.
De manera sencilla, le expliqué que el cumpleaños funciona como un marcador temporal.
Nos invita a hacer una revisión de nuestra vida y de los logros que hemos alcanzado, o no.
Nos lleva a cuestionarnos si estamos donde “deberíamos” estar.
Entonces aparecen preguntas como: ¿Qué he logrado? ¿Qué sueños abandoné? ¿Estoy satisfecho con la vida que llevo? Responder estas preguntas suele generar mucho temor cuando interpretamos que las respuestas no son satisfactorias.
Aquí entra en juego un fenómeno que trabajo con frecuencia en consulta: la distancia entre el “yo ideal” y el “yo real”.
Cuanto mayor es esa distancia, más fácil es que aparezcan emociones como la tristeza, la frustración, la culpa o la sensación de fracaso.
Otro aspecto que ayuda a explicar este fenómeno es que los cumpleaños nos recuerdan que somos finitos.
Esa conciencia de nuestra propia mortalidad puede generar ansiedad y hacer que surjan preguntas existenciales.
Nos confronta con la idea de que quizá quede menos tiempo por vivir del que ya hemos recorrido.
No podemos dejar de lado la comparación social.
Quienes experimentan tristeza con la llegada de su cumpleaños no solo evalúan su vida, sino que también la comparan con la de los demás.
Hoy, con las redes sociales, este fenómeno se intensifica.
Y somos tan crueles con nosotros mismos que terminamos comparando nuestra vida completa con la versión cuidadosamente editada que otros muestran en sus cuentas de Instagram.
Entonces aparecen pensamientos como: “No me he casado y todos mis amigos sí”, “No tengo casa propia”, “No he alcanzado un cargo importante a pesar de haber estudiado mucho”, y un largo etcétera.
También hemos aprendido, de alguna manera, que el cumpleaños debe ser “el día más feliz del año”.
Cuando eso no ocurre, o sentimos que no tenemos nada que celebrar, aparece la decepción.
Es una presión cultural que, mientras más cedemos a ella, mayor puede ser la caída emocional que experimentamos.
Quizá la pregunta no sea si has logrado todo lo que esperabas a esta edad, sino si la vida que estás construyendo refleja verdaderamente quién eres y lo que valoras.
Cuando llegue tu próximo cumpleaños, más que preguntarte cuántos años cumples, pregúntate: ¿estoy viviendo la vida que realmente quiero o la que siento que debería vivir para cumplir las expectativas de los demás? Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES mundial de futbol proyecto campo joven.








