Hace 4 años, recordé en estas páginas el segundo trabajo de Hércules, el de enfrentar a la Hidra de Lerna, el monstruo en forma de serpiente de múltiples cabezas que al cortale una le salían dos en su lugar.
Comparé entonces a la Policía Nacional con ese monstruo, ante una cadena de hechos que iban desde la muerte de los pastores Elisa Muñoz y Joel Díaz, la muerte de la arquitecta Leslie Rosado, la del joven José Gregorio Custodio, en Ocoa; de David de los Santos Correa, en el destacamento policial de Naco y el ataque al defensor del Pueblo y la prensa en el canódromo.
Luego de eso, un agente policial mató en Santiago al niño, Donaly Joel Martínez Tejada, de 11 años, cuando le disparó al padre de este en el carnaval de esa ciudad.
Entre ese momento y este año, hay numerosas acciones policiales de abuso y muerte, hace unos días circuló un video en que un joven fue asesinado por miembros de una patrulla policial luego de que este levantara los brazos, en señal de rendirse ante la autoridad que le perseguía.
El viernes el país ha reaccionado horrorizado ante la muerte aleve del joven Darlin Mercado Reyes, de 18 años, a manos del cabo José Francisco Moreta Heredia, sin ninguna razón, sin que el mismo representara ningún peligro para los miembros de la patrulla que requisaba a otro joven y una motocicleta sin la documentación correspondiente.
El rechazo y la indignación ante este hecho han sido unánimes, desde el presidente de la República, el liderazgo opositor, la sociedad en general.
A 5 años de iniciada la reforma policial, ver hechos como este, nos llena de una mezcla compleja de sentimientos, impotencia, horror, desánimo y las preguntas inevitables, ¿será que no somos capaces de cambiar, de una vez y para siempre a la Policía? ¿Será que estamos condenados a vivir con una institución que sigue siendo, el retrato de todas nuestras miserias, el sumun de nuestros vicios? O alguien olvida el rol que aún juegan miembros de esa entidad, en la protección de los puntos de drogas de barrios, ciudades y campos.
Y es verdad que dentro de ella también hay mucha gente seria, dedicada y responsable, pero admitámoslo, los malos siguen ganando la batalla.
Decía en el artículo, “La Policía y la Hidra de Lerna”, que, “El país debe rechazar con todas sus fuerzas las aptitudes cavernarias que parecen florecer en muchos cuarteles y que va costando la vida a jóvenes que, por lo que se sabe de ellos, no merecían terminar sus vidas de ese modo”.
Para enfrentar a la Hidra de Lerna, que desde las puertas del inframundo, contaminaba hasta con su aliento, Hércules, el nombre romano de Heracles, necesitó la ayuda de su sobrino Yolao, que quemaba el lugar donde estaba la cabeza cortada para evitar que surgiera otra en su lugar.
En referencia a eso planteaba que: “El gobierno con los inmensos resortes del poder no puede renunciar al papel de Hércules, mientras que el de Yolao toca a toda la sociedad, única forma de vencer a la Hidra de Lerna apostada en el cuerpo policial”.
La tarea es urgente e impostergable, más que la condena unánime que ya han recibido, requiere acción, para frenar de una vez por todas el proceder troglodita de una institución cuya misión debe ser proteger al pueblo, no matarlo.
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