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Nacional

De entrada: catibías de camarones y gruyere

Catibías con camarones y gruyere Ángel Ramos B El hecho de estar a régimen alimenticio por asuntos de salud limita al máximo la degustación de muchos tipos de comida.

Aun así, cuando hace unos días mi hijo Ángel me animó a almorzar fuera de casa acepté de inmediato.

“Espero que hagan caso a mis peticiones: comida sin pimienta, nada con limón, ni otros cítricos, suave de textura y un etcétera que dependerá del plato que elija”, dije.

Fuimos al restaurante Bajamar, cuya entrada es un largo pasillo que tiene a cada lado vitrinas que exhiben botellas de vino.

Vitrina con pescados y mariscos Ángel Ramos B Con varias zonas destinadas a comer en privado, y un área tras la barra con mesitas altas, tiene, antes de entrar al salón principal, un espacio donde en una gran vitrina, colocados sobre hielo, varios pescados y mariscos de gran tamaño hacen que uno se detenga a mirarlos. ¡Magníficos ejemplares! Ya en el comedor, un moderno bodegón es el único cuadro.

Pedimos la carta.

Tras leerla, es obvio que ambos queremos pescado.

Al fin y al cabo, el restaurante lleva un nombre alusivo al movimiento del mar.

Como entrante elegimos un servicio de catibías de camarones y gruyere.

(Un servicio trae cuatro porciones) “Son crocantes, pero suaves” aclara el mozo ante una pregunta mía.

Una combinación de sabor criollo e internacional.

Confieso que son las mejores catibías que he comido.

Sin duda, de calidad gourmet.

¡Exquisitas! (La catibía o cativía, palabra de origen taíno, es una empanada de yuca frita, típica de República Dominicana).

En cuanto al plato principal, Ángel ordena Filete de chillo a la plancha.

Viene con fritos verdes, pero le apetece acompañarlos además de pasta: Linguine Aglio y Olio.

“Todo perfecto”, dice.

Filete de chillo Angel Ramos B De bebida, como vino de la casa elige Albariño, Mar de Frades.

En mi caso, el asunto es complicado.

Advierto al camarero sobre mis limitaciones alimenticias cuando le aclaro “sin limón” a mi orden de “Filete de dorado”.

Me da una escueta respuesta: “Mero”.

Le repito: “Filete de dorado”.

Y él repite, “Mero”.

Cuando voy otra vez a hablar, el maitre d´ llega al comedor muy contento y dice en voz alta: “El pescado acaba de llegar”.

Imagino que esa es la clave del “mero” que menciona el mozo, sin darme explicación alguna.

Y Filete de mero es lo que me trae.

Mero a la plancha Ángel Ramos B No digo nada ni siquiera cuando al probarlo mi paladar solo percibe un sabor: sal.

Es decir, me han traído “Mero a la sal”.

Quedé con el deseo de degustar otra sazón.

Me pregunto qué explicación le habrá dado el mozo al chef.

Como mi caso es complicado, la próxima vez doy por escrito mi explicación.

Las acompañantes papas al romero sí estaban de acuerdo a mis gustos.

Para endulzar el paladar ordené flan tradicional.

Lleva adicionada, hacia un lado, crema chantilly.

Me gustó.

Este restaurante tiene en la carta 17 entrantes fríos y 13 calientes, todos de pescado o mariscos, incluyendo Vieiras con crema de maíz y ¡chorizo! Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES Edición impresa conflicto violencia interna PRONÓSTICOS DEPORTIVOS.

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