
La armería dominicana que surgió de una fábrica de cierres y armó a Batista y a los rebeldes cubanos
La fábrica de zíperes Corporación Hispaniola fue reconvertida por la dictadura de Trujillo en una armería que produjo la carabina San Cristóbal, un arma que trascendió fronteras y se convirtió en pieza clave de la guerrilla cubana liderada por el Che Guevara.
Durante los convulsos años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la República Dominicana enfrentó duros embargos internacionales de armas que amenazaban con dejar desprotegido al régimen militar. Ante el aislamiento, Trujillo tomó una decisión estratégica sin precedentes: el país fabricaría su propio armamento. Para lograrlo, aprovechó la llegada de exiliados europeos con amplios conocimientos técnicos, mecánicos y químicos tras la Segunda Guerra Mundial.
El proyecto cobró vida gracias al empresario húngaro Alexander Kovács, quien operaba la fábrica de zíperes Corporación Hispaniola. Kovács convenció a Trujillo de que la maquinaria para hacer cierres podía reconvertirse para la confección industrial de armamento militar moderno. Junto al ingeniero húngaro Lotsos, diseñó los planos de la Armería de San Cristóbal, inaugurada en 1947. El complejo industrial, compuesto por nueve edificios, albergaba talleres de fundición, carpintería, oficinas de diseño, hornos eléctricos de acero y laboratorios químicos en Villa Mella. Más del sesenta por ciento del personal técnico especializado era europeo exiliado.
En 1948 desembarcó el célebre diseñador húngaro Pál Király, excolaborador de la fábrica Danuvia, quien adaptó sus diseños de subfusiles europeos para crear la carabina ‘San Cristóbal’, nombrada así por la tierra natal del dictador. Aunque el objetivo inicial era abastecer a las tropas dominicanas, la Armería pronto exportó miles de ejemplares. El principal comprador fue el dictador cubano Fulgencio Batista, quien adquirió masivos lotes entre 1957 y 1958 para intentar frenar el avance insurreccional.
El destino geopolítico guardaba una ironía: durante los encarnizados combates en la Sierra Maestra, los rebeldes cubanos capturaron las carabinas dominicanas y las emplearon contra las fuerzas regulares del régimen. Una de esas piezas cayó en manos del comandante guerrillero Ernesto ‘Che’ Guevara, quien la adoptó como su arma personal de combate y la usó intensamente hasta la victoria final y la entrada triunfal en La Habana en 1959. La San Cristóbal destacaba por su calibre.30 y un sistema de retroceso retardado por palanca, con un mecanismo de doble gatillo que permitía disparos tiro a tiro o totalmente automáticos.











