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Nacional

Después del Hambre Cero, ¿qué sigue para la República Dominicana?

En 2004, la enfrentaba el enorme desafío de combatir el hambre en medio de una profunda crisis económica y social.

La había deteriorado el ingreso de miles de hogares, incrementado la pobreza y agravado la inseguridad alimentaria.

Según las estimaciones de la (FAO), más de uno de cada cinco dominicanos padecía.

En ese contexto nació , programa emblemático de la naciente Red de y punto de partida de una transformación que cambiaría la manera en que el Estado abordaba la pobreza.

El mayor legado de aquella decisión no fue únicamente un programa social.

Fue el inicio de la construcción de una verdadera ingeniería institucional de la no contributiva.

El (GCPS) asumió la coordinación estratégica; el ( ) fortaleció la identificación y focalización de los hogares en situación de pobreza; la (ADESS) organizó la gestión de las transferencias monetarias; y se convirtió en el principal instrumento para garantizar el acceso a los alimentos de las familias más vulnerables.

Con el tiempo, esa arquitectura institucional evolucionó mediante Solidaridad, Progresando con Solidaridad y Supérate, incorporando además el aseguramiento en salud para la población de menores ingresos, la alimentación escolar y otras intervenciones complementarias.

Más que una sucesión de programas, la construyó un sistema de capaz de sostener durante más de dos décadas.

Dos décadas después, los resultados de ese proceso son evidentes.

Hoy el país ha alcanzado el , al reducir la por debajo del 2.5 %, conforme a la metodología de la FAO.

Se trata de uno de los logros sociales más relevantes de la historia reciente de la.

Ese avance merece ser reconocido y celebrado.

Pertenece al país.

Es el resultado acumulado del crecimiento económico, del fortalecimiento institucional, del esfuerzo del sector agropecuario y de sostenidas a lo largo de distintos gobiernos.

Los grandes logros sociales no tienen un único autor; son patrimonio de toda la nación.

Pero alcanzar el umbral de no significa que hayan desaparecido los desafíos relacionados con la alimentación.

Significa, por el contrario, que la ha superado una etapa histórica y está llamada a afrontar una nueva agenda de.

Como sostiene , el no se limita al crecimiento económico; exige inversiones permanentes en salud, educación, y capacidades humanas.

Reducir el hambre constituye una condición indispensable para el , pero no representa su punto de llegada.

Es el fundamento sobre el cual se construyen mayores niveles de bienestar, productividad e inclusión.

Desde esa perspectiva, la pregunta que hoy debe orientar el debate público ya no es únicamente cuántas personas padecen.

La verdadera pregunta es si todos los hogares dominicanos pueden acceder, de manera estable, a una y nutritiva.

La diferencia es fundamental.

Una persona puede consumir las para no padecer hambre y, al mismo tiempo, carecer de los recursos necesarios para adquirir frutas, vegetales, proteínas de calidad y otros alimentos indispensables para una.

El desafío contemporáneo ya no consiste únicamente en garantizar la disponibilidad de alimentos, sino también su accesibilidad económica, su calidad nutricional y la posibilidad real de mantener una dieta saludable.

Responder a ese desafío exige fortalecer el poder adquisitivo de los hogares, promover sistemas alimentarios saludables, mejorar la educación nutricional, proteger la alimentación durante todo el ciclo de vida y continuar perfeccionando las con base en evidencia y evaluación permanente.

En este punto cobra especial relevancia la reflexión del , quien ha demostrado que el de las naciones depende de capaces de generar continuidad, aprendizaje y confianza.

La experiencia dominicana parece confirmar esa premisa.

El avance hacia no fue el resultado de una decisión aislada, sino de una apoyada en una institucionalidad que evolucionó, aprendió y se fortaleció durante más de veinte años.

Como ocurre con toda política pública exitosa, cada objetivo alcanzado plantea un desafío mayor.

Superada una etapa histórica en la lucha contra el hambre, corresponde ahora avanzar hacia una nueva generación de que garanticen a toda la población el acceso sostenible a una , nutritiva y de calidad.

Hace poco más de veinte años, la se propuso que ningún dominicano pasara hambre.

Hoy puede celebrar un logro que parecía distante al inicio de ese camino.

Pero el verdadero valor de ese avance no reside únicamente en haber reducido la.

Reside, sobre todo, en haber demostrado que las , cuando descansan sobre sólidas y se sostienen en el tiempo, pueden transformar la vida de.

La próxima etapa ya está definida.

No consiste solo en preservar lo alcanzado, sino en consolidar una nueva generación de que garantice a todos los dominicanos una , nutritiva y accesible.

Porque el no termina cuando un país logra reducir el hambre; comienza cuando es capaz de convertir ese logro en una plataforma para ampliar las oportunidades, mejorar la calidad de vida y construir un para toda la sociedad..

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