La decisión de Washington reaviva el debate sobre diplomacia y símbolos
La retirada del cuadro ‘Young Artists After Siamesas 1960’, de Kehinde Wiley, de la Embajada de EE.UU. en Santo Domingo, ha trascendido lo administrativo. La obra, que retrata a cuatro jóvenes dominicanos, se ha convertido en un caso de estudio sobre el poder y la representación en el arte.
La obra, de más de 3.6 metros de ancho, fue encargada en 2013 por el programa Art in Embassies del Departamento de Estado para la nueva sede diplomática en Santo Domingo. Kehinde Wiley, conocido por su retrato del expresidente Barack Obama, investigó durante dos años referentes locales y trabajó con estudiantes de la UASD y de Altos de Chavón para crear la pieza.
La pintura, instalada en 2015, no era un simple adorno: fue concebida para ese espacio, con la intención de dialogar con el país anfitrión. Su retiro, según analistas, refleja una tendencia en la política exterior estadounidense de revisar expresiones artísticas que puedan considerarse incómodas o que no se alineen con ciertos discursos.
El caso ha generado reacciones en la diáspora dominicana y en círculos internacionales, que ven en esta decisión un precedente sobre los límites de la diplomacia cultural. La obra de Wiley, que utilizaba la apropiación de retratos históricos para dar visibilidad a jóvenes negros, tocaba temas de raza, identidad y poder que trascienden fronteras.
Mientras el Departamento de Estado no ha ofrecido explicaciones oficiales, el episodio invita a reflexionar sobre el papel del arte en las relaciones internacionales y sobre cómo los símbolos pueden llegar donde los comunicados no alcanzan. Para República Dominicana, la retirada de esta obra supone una pérdida simbólica, pero también abre un debate necesario sobre la representación y el valor del arte en la esfera pública.











