Mery Valerio propone alinear la educación superior con las demandas del mercado laboral
La discusión sobre educación en República Dominicana debe pasar de cuántos estudiantes ingresan a cuántos adquieren competencias para generar ingresos estables. Así lo plantea Mery Valerio, quien propone una educación superior de oportunidades abiertas con altos estándares y alineada al mercado laboral.
Durante décadas se ha repetido que la educación es la vía para salir de la pobreza, pero la pregunta importante no es si creemos en ella, sino cómo la entendemos. Así lo afirma Mery Valerio, licenciada en Educación, Mgtr. Adm. de la Educación y miembro de la Dirección Política del partido Fuerza del Pueblo (FP), quien sostiene que la educación no cambia vidas por sí sola: lo que cambia vidas es lo que las personas son capaces de hacer con lo que aprendieron.
Valerio advierte que ver la educación únicamente como un derecho puede llevar a enfoques populistas centrados en el acceso, la gratuidad o la cobertura, sin prestar suficiente atención a los resultados. Cuando se asume como herramienta de movilidad social, la prioridad deja de ser cuántos estudiantes están en las aulas y pasa a ser cuántos adquieren las competencias necesarias para construir una vida productiva, generar ingresos estables y romper el círculo de la pobreza.
En ese marco, la calidad del aprendizaje, la formación de los docentes, la pertinencia del currículo y la empleabilidad de los egresados se convierten en los indicadores que realmente importan. La educación deja de medirse por los recursos que consume y comienza a evaluarse por las oportunidades que genera, plantea la educadora.
Desde esta perspectiva, la educación superior no debe ser de puertas abiertas sin planificación ni exigencias, sino de oportunidades abiertas con altos estándares de calidad y alineada a las necesidades del mercado laboral. El objetivo no es llenar aulas ni multiplicar títulos, sino formar el talento que la economía necesita para crecer, innovar y competir. Esto implica planificar la oferta académica según las demandas presentes y futuras del país, fortalecer áreas estratégicas y evitar la sobreproducción de profesionales en campos saturados mientras escasean técnicos y especialistas en sectores claves. Una educación superior desconectada del mercado laboral puede generar graduados, pero no necesariamente oportunidades. El éxito de una universidad no debería medirse por la cantidad de títulos que entrega, sino por la capacidad de sus egresados para integrarse productivamente a la sociedad, generar valor y contribuir al desarrollo nacional, concluye Valerio.









