En República Dominicana hay un problema de raíz que no es nuevo y atraviesa todas las capas sociales: el EGO.
Desde el más necesitado hasta el más poderoso. El ego es traicionero porque se disfraza de seguridad, pero en realidad es enemigo de la conciencia. Destruye personas, fractura familias y, cuando se normaliza, estanca países.
En los últimos días he reflexionado mucho sobre esto, y hay algo que me preocupa profundamente: vivimos rodeados de decisiones cortoplacistas.
En política (y fuera de ella) se juega constantemente con el ego de las personas para provocar resultados que benefician a unos pocos, no al sistema.
El resultado es siempre el mismo:cuellos de botella, estructuras que no escalan y un país que avanza más lento de lo que podría.
Esto no es exclusivo de un gobierno. Cada gobierno tiene su propio “nivel” de cortoplacismo.Uno de los fenómenos más preocupantes que estamos viendo de cara al ciclo político de 2028 es que parte de la conversación pública comienza a girar alrededor de personas, rivalidades, egos y posiciones, mientras todavía falta una discusión suficientemente profunda sobre el proyecto de país a largo plazo.
Robert Greene en su libro “Las leyes de la naturaleza humana” disecciona este fenómeno en el Capítulo 6 (La Ley de la Cortedad de Miras) y el Capítulo 11 (La Ley de la Grandiosidad). Greene expone cómo los líderes dominados por el ego caen en la ilusión del éxito inmediato, reaccionando ante impulsos emocionales en lugar de evaluar consecuencias a largo plazo. Este cortoplacismo ciega tanto al sector público como al privado, atrapándolos en disputas de vanidad mientras los problemas estructurales permanecen intactos.
Y eso me llevó a una conclusión clara: Un mejor país no es solo tarea del gobierno.
Es tarea de conciencia colectiva. Es una realidad con la que hay que convivir,pero no resignarse.
El empresario que construye una compañía para diez años piensa diferente al que intenta maximizar cada oportunidad de los próximos seis meses.
El primero invierte en talento, tecnología, procesos, reputación y relaciones de largo plazo.
El segundo puede terminar sacrificando precisamente los activos que necesitará para sobrevivir mañana.
Las sociedades fuertes no se construyen alrededor de individuos indispensables.
Se construyen alrededor de instituciones, reglas y sistemas capaces de funcionar incluso cuando cambian las personas.
Si entendemos que el ego y el corto plazo existen, entonces el verdadero liderazgo está en diseñar modelos, reglas y estructuras que funcionen incluso cuando esas debilidades humanas aparecen.
Porque el progreso real no depende de personas perfectas, depende de sistemas bien pensados.República Dominicana merece más visión, más conciencia, menos ego y menos cortoplacismo.
Y eso empieza por cada uno de nosotros.
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