Una fortaleza del siglo XVI en Santo Domingo refleja el abandono institucional y la falta de políticas de conservación
El Fuerte San Gil, construido en 1543 para defender Santo Domingo, hoy es un símbolo del olvido. Su deterioro y ocupación por indigentes evidencian la crisis de conservación del patrimonio nacional.
En la avenida George Washington, sobre los acantilados del malecón de Santo Domingo, se alza el Fuerte San Gil, una fortaleza colonial del siglo XVI que languidece entre el estigma del abandono y la indolencia institucional. Construido alrededor de 1543 bajo el mandato del arzobispo Alonso de Fuenmayor, el baluarte fue clave en la defensa contra piratas e invasores.
Hoy, la estructura centenaria no tiene quien la defienda. Un recorrido por sus instalaciones revela un recinto sumido en la mugre y el deterioro estético, con evidencia de uso como dormitorio para personas indigentes y letrina para palomos. La fortaleza, cercana a hoteles capitalinos y al puerto Don Diego, permanece en el olvido.
“A mí me da vergüenza como está este monumento, algunas veces vienen turistas y no se atreven a entrar porque siempre hay indigentes durmiendo en la entrada y adentro ni hablar. Si usted observa, este tipo de ruinas se remoza con poca cosa”, declaró Leo Antonio Cibrián, ciclista que frecuenta la zona.
Entre los matorrales secos, una enorme iguana verde observa desde un muro azotado por el salitre, mientras otro ejemplar más pequeño se desplaza entre los bloques de piedra. Estas iguanas parecen ser los únicos guardianes de un patrimonio que alguna vez protegió a la isla de Santo Domingo y que hoy clama por atención.












