Un análisis de Rafael R. Ramírez Ferreira cuestiona la impunidad y la falta de voluntad para aplicar las leyes
En un artículo de opinión difundido este 20 de septiembre de 2026, el autor Rafael R. Ramírez Ferreira examina la crisis de confianza en la vida pública dominicana, donde la palabra empeñada ha perdido peso y el honor que la sostenía se ha debilitado por la falta de vergüenza.
El texto, titulado ‘El valor de la palabra’, plantea que hoy resulta difícil leer los periódicos y observar la ligereza con que determinados actores de la sociedad responden ante hechos que deberían exigir responsabilidad, rigor y sentido del honor. Según el autor, ya no basta la palabra empeñada para cerrar un trato o asumir un compromiso: cada acuerdo debe quedar por escrito y formalizado con una firma.
Ramírez Ferreira sostiene que esta situación no se limita a la política partidaria, sino que también se manifiesta en relaciones comerciales, decisiones institucionales y actuaciones de diversas autoridades. En muchos casos, la apariencia de virtud sirve para encubrir egos inflados, ambiciones desmedidas y una preocupante distancia entre el discurso público y la conducta real.
El autor advierte que la manipulación de la verdad, la construcción de relatos convenientes y la conversión de la mentira, la omisión y la negación en herramientas habituales se repiten sin consecuencias, lo que normaliza el encubrimiento y hace que quienes lo ejercen se sientan cómodos en ese ambiente. A su juicio, vivimos en un país cargado de indelicadezas políticas frente a las cuales las leyes parecen insuficientes.
No obstante, Ramírez Ferreira aclara que leyes existen; lo que escasea es la voluntad firme de aplicarlas con igualdad y sin privilegios. Esa debilidad institucional explica, al menos en parte, por qué ciertas figuras públicas parecen quedar al margen de las consecuencias que sí alcanzan a otros ciudadanos. El autor concluye llamando a conservar la esperanza de que surjan liderazgos capaces de asumir el timón moral de la sociedad y conducirnos fuera de este mar incierto, marcado por la inmadurez, la corrupción, la insensibilidad y el despotismo.











