Un testimonio revela cómo la escasez y los controles migratorios estigmatizan a los lectores
La dificultad para acceder a libros dominicanos en el exterior y los excesivos controles en aeropuertos dominicanos ponen en evidencia una tensión entre seguridad y cultura. Un caso personal lo ilustra.
La diáspora dominicana y los investigadores enfrentan un obstáculo silencioso: conseguir libros criollos fuera del país. Las bibliotecas de embajadas son escasas —París y Madrid son excepciones imitables—, los títulos dominicanos casi no aparecen en tiendas en línea y los formatos electrónicos son limitados, con la biblioteca virtual del AGN como anomalía loable. Dentro de República Dominicana la oferta es mayor, pero no abundante: una sucursal de la principal librería —casi la única— alberga unos setenticinco títulos dominicanos, y la principal tiene algunos más.
El transporte de estos materiales se convierte en un calvario. Un viajero relata que siempre lleva más de treinta libras de libros y que, en trayectos a Bruselas —uno de los destinos favoritos de los traficantes—, los controles son múltiples. Después de los rayos X, sus maletas son abiertas sistemáticamente y se deja un acta con el lugar de inspección —La Caleta, Boca Chica, Santo Domingo—, los artículos del código procesal penal que autorizan la revisión, firmas ilegibles y faltas de sintaxis en cuatro idiomas. Una frase inquietante se repite: «[…] del señor […] quien pretende viajar […]», lo que cuestiona la presunción de inocencia.
El CESAC y la DNCD intervienen en el proceso. Primero, un perro olfatea las maletas; luego, un agente las sopesa con un movimiento vertical de brazo y hombro, y la maleta es reabierta. La pregunta y la respuesta se repiten: «¿Nadie viaja con libros?», pregunta el viajero; contestan: «Sí, pero no con tantos». Portar libros es sospechoso, y el viajero también recibe rayos XXX. A pesar de todo, los libros siempre llegan a Bruselas. La reflexión final es contundente: «¡ay del país donde los libros son tomados por kilos!».
El autor de estas vivencias es ingeniero industrial (PUCMM, 1991) y tiene un máster en Negocios Internacionales (Universidad de París X, 2004), aunque su vocación es la de escritor. Ha publicado varios centenares de artículos en la prensa nacional. Su testimonio evidencia las trabas que enfrentan quienes intentan mantener viva la producción bibliográfica dominicana desde el exterior.











