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Nacional

El Teatro Caupolicán: símbolo de la solidaridad internacional con la causa dominicana

El Teatro Caupolicán: símbolo de la solidaridad internacional con la causa dominicanaEl Teatro Caupolicán: símbolo de la solidaridad internacional con la causa dominicana

A 60 años del acto que confrontó la propaganda de la Guerra Fría en Sudamérica

El Teatro Caupolicán, en Santiago de Chile, fue el escenario donde el 27 de mayo de 1965 más de mil personas respaldaron a la República Dominicana, desafiando la narrativa del «complot comunista» impulsada por Estados Unidos.

El Teatro Caupolicán, enclavado en la calle San Diego de Santiago de Chile, fue mandado a construir a mediados de la década de 1930 por la Caja de Crédito Hipotecario y diseñado por el arquitecto e ingeniero Brescia Camilo Carani. Inaugurado en 1936, su arquitectura Art Déco y racionalista moderna evoca los antiguos anfiteatros romanos.

El jueves 27 de mayo de 1965, este coloso se convirtió en el epicentro de la dignidad del Caribe. Más de mil almas desbordaron sus arcos y pasillos, convocadas no para un espectáculo de diversión, sino para expresar su solidaridad con la República Dominicana, cruelmente herida a miles de kilómetros de distancia.

Apenas unas semanas antes, habían desembarcado en Santo Domingo 42,000 marines de la armada norteamericana. La premisa dictada por los teletipos de prensa era categórica: había que frenar un «complot comunista» y evitar «otro enclave en el área». Sin embargo, la fisonomía de la tribuna principal del Caupolicán esa noche bastó para derrumbar, por su propio peso, la propaganda que circulaba.

Al centro del anfiteatro se erguía Caonabo Javier Castillo (1926-2012), delegado político del gobierno constitucionalista del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. Junto a él estaba José Gómez Cerda (1939), líder obrero venido de las barricadas de Ciudad Nueva en representación de la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC). Ninguno encajaba en el manual del comisario marxista; eran hombres formados en la doctrina social de la Iglesia, demócratas que reclamaban el retorno a la legalidad de la Constitución de 1963. El respaldo de la Democracia Cristiana chilena —el partido de gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva— fue la columna vertebral que desarmó la tesis de la conjura comunista ante la opinión pública sudamericana. Bajo el techo del Caupolicán se configuró un mosaico de indignación civil donde figuras como Héctor Alarcón, de la Unión de Campesinos Cristianos; Alfredo Di Pacce, líder de la Central Latinoamericana de Sindicalistas Cristianos (CLASC); Santiago Pereyra, diputado y presidente del Comando Nacional de Trabajadores; L

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