La crisis del deshielo en el Himalaya y su efecto dominó en el clima global
La cúpula del Partido Comunista Chino, liderada por Xi Jinping, ordenó este viernes reforzar la vigilancia de glaciares y lagos de la meseta Qinghai-Tíbet tras la riada que dejó 558 muertos y casi 1.500 desaparecidos en la frontera entre Nepal y el suroeste del Tíbet, un desastre que pone el foco en el retroceso glaciar y sus riesgos globales.
La decisión fue adoptada durante una reunión del Politburó, segundo escalón de poder del PCCh, presidida por el secretario general de la organización y presidente de China, Xi Jinping. La dirección comunista pidió acelerar los estudios sobre los glaciares y lagos glaciares de la meseta, además de reforzar el seguimiento dinámico para mejorar la capacidad de detectar cadenas de riesgos naturales. El órgano dirigente también ordenó fortalecer la coordinación entre las zonas ubicadas aguas arriba y abajo, establecer rutas de evacuación y lugares de acogida, y aumentar los recursos de rescate en regiones remotas de alta montaña y áreas fronterizas.
Asimismo, las autoridades pidieron mantener bajo vigilancia la represa natural formada después de la riada y supervisar la estabilidad de las montañas cercanas, mientras continúan las labores de búsqueda de personas desaparecidas. La meseta Qinghai-Tíbet, conocida como el «Tercer Polo», concentra una de las mayores reservas de hielo perenne del planeta. Sin embargo, el retroceso de los glaciares ha aumentado la preocupación de científicos y autoridades. El último catálogo nacional chino de glaciares señala que la superficie glaciar del país se redujo un 26 % desde la década de 1960, con retrocesos de hasta el 40 % en determinadas zonas del Himalaya y los Transhimalaya.
Científicos chinos también han advertido que la expansión de los lagos de la meseta, impulsada por el incremento de las precipitaciones y el deshielo glaciar, puede elevar el riesgo de inundaciones en diferentes sectores del altiplano. Las investigaciones preliminares apuntan a que la riada se desencadenó por el colapso de una gran masa de hielo en un glaciar situado en Nepal. El fenómeno arrasó una zona fronteriza entre el norte de Nepal y el suroeste del Tíbet, región bajo control de China.
Los balances separados de ambas partes elevan hasta 558 la cifra de muertos, mientras que casi 1.500 personas permanecen desaparecidas. Ante la magnitud de la tragedia, las autoridades chinas han reforzado las labores de rescate y vigilancia, mientras mantienen especial atención sobre posibles nuevos deslizamientos, desbordamientos y movimientos de masas de hielo en la zona afectada. El suceso subraya la creciente amenaza del cambio climático en regiones de alta montaña y su impacto en la seguridad global.











