Los hechos están ahí, incontestables, y la realidad se amplifica por la difusión masiva e indiscriminada de información a través de redes sociales.
Las plataformas posicionan contenidos generados por individuos y el algoritmo hace el resto.
Como una elección personal, decidí no ver la realidad a través de mis redes personales, si no a través de las cuentas laborales, de tal suerte que durante estas dos semanas mi timeline no ha tenido visualizaciones de noticias relacionadas al terremoto, ni interacción con publicaciones, comentarios, etc.
Dos semanas después, para mis redes sociales personales el terremoto nunca ocurrió.
Para el algoritmo que determina la secuencia de publicaciones de noticias, la no demostración de interés sobre una materia en específico es motivo suficiente para hacer los ajustes de lugar y sólo publicar para mí las noticias que, a través de visualizaciones, “me gusta”, reenvíos o comentarios, he evidenciado mi predilección hacia ellas.
El algoritmo atiborra mis redes con publicaciones de lo que he demostrado que deseo consumir o con informaciones que potencialmente pudieran estar relacionadas entre sí.
Extrapolando, significa que el mecanismo de configuración de “la realidad” se fundamenta, más en la elección, que en la realidad misma.
Si una tragedia humana como la de Venezuela no existe en la realidad que el algoritmo me muestra, significa que la realidad no es una, sino tantas como nuestras predilecciones condicionen la frecuencia y tipo de información que nos será mostrada.
Para una persona que vea los abusos que comete la policía nacional –por ejemplo– su percepción de la realidad estará determinada por los cientos de imágenes y videos que diariamente le mostrará el algoritmo.
El mecanismo funciona con una lógica demoníaca, porque su único objetivo es satisfacer la adicción a la dopamina que padecemos y que nos mantiene enganchados al teléfono, que nos vende publicidad o construye Big Data con nuestras decisiones personales.
En la medida que quienes tomen decisiones en el gobierno vean con obsesión determinadas informaciones, el algoritmo diseñará para ellos una noción particular de la realidad, ajustada a sus miedos, anhelos o frustraciones.
No es posible tomar decisiones racionales sobre realidades subjetivas, de ahí que se magnifiquen situaciones que no lo son, se prioricen acciones que no son prioritarias o se sobrerreaccione ante situaciones que, con ignorarlas, hubiera sido suficiente.
Dar like o no, esa es la cuestión.
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