A sus 80 años, Lula enfrenta el desafío de la falta de relevo en un PT sin heredero claro
Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años y candidato a la reelección, encara un panorama político marcado por la ausencia de un sucesor generacional en el Partido de los Trabajadores, según reconocen sus propios aliados en el sindicato metalúrgico de São Bernardo do Campo.
Casi medio siglo después de su irrupción en la política brasileña desde el sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo, Lula sigue siendo la figura central del PT. Wellington Damasceno, actual presidente de esa organización, lo describe como «un honor y un orgullo» que un trabajador haya llegado a la presidencia de Brasil, pero admite la dificultad de encontrar un reemplazo: «Nosotros buscamos alguien para sucederle y esto no va a haber, quizá en 50 o 100 años, pero creo que es el problema del PT».
La relación personal y política de Lula con la región se mantiene intacta. Zalinha Feitosa, amiga de larga data, conserva cientos de fotografías de sus visitas, la última hace apenas unos días en plena campaña. «Es como un padre, mi amigo, mi amante, es todo para mí», declara. Esa omnipresencia de su imagen refleja tanto su arraigo como la dependencia del partido hacia su figura.
El temor a un segundo gobierno bolsonarista sobrevuela en el sindicato. Wellington Damasceno advierte sobre el «desmonte de la estructura de leyes laborales» y recuerda la reforma laboral de 2017 y las políticas de Bolsonaro padre, mientras sostiene que el hijo, Flávio Bolsonaro, busca «precarizar la situación mucho más». Ante la posibilidad de un mandato más radical que el de su padre, responde: «Creo que sí, sobre todo para los trabajadores, porque ellos ya saben cómo funciona la maquinaria pública y tienen una propuesta muy clara de cómo hacer esto».
Más allá del resultado electoral del domingo, en São Bernardo do Campo nadie duda de que Lula, gane o pierda, seguirá visitando el lugar que lo vio nacer como líder. La incógnita persiste sobre el futuro de un PT que, casi 50 años después, no vislumbra un relevo a la altura de su fundador.











