SEMANA | ORTO-ESCRITURA | Nuestra novelística aborda la realidad dominicana, con sus mitos y fantasías, a la vez que asume planteamientos de orden filosófico y social en el marco de la ortodoxia del género.
Lo que hacemos aquí en novela no está por debajo de lo que produce en Cuba, Puerto Rico, Venezuela ni el resto el Caribe.
En la foto, Ramón Saba, Ibeth Guzmán, Rafael Peralta Romero y Avelino Stanley.
Creado: 30.05.2026 | 18:00 Actualizado: 30.05.2026 | 18:00 El jueves 21 de mayo tuvo efecto en la Biblioteca Nacional un panel titulado “¿Existe una gran novela dominicana?”.
Intervinieron los escritores Ibeth Guzmán y Avelino Stanley, además del autor de esta reseña, la cual se fundamenta en un extracto de la exposición desarrollada.
Hubo coincidencias entre los panelistas respecto de que la gran novela dominicana es representada por el conjunto de las publicadas.
Ese conjunto, que incluye cientos de obras del género, constituye lo que hemos de llamar novelística dominicana, se encamina hacia sus dos siglos.
Esto, si tomamos en cuenta que las primeras novelas se publicaron a mediados del siglo XIX, en los mismos tiempos en que se consolidaba la Republica Dominicana, como un Estado independiente.
Los historiadores han señalado como obras iniciales: “Los amores de los indios” (1843), escrita por Alejandro Angulo Guridi y publicada en La Habana.
“La Fantasma de Higüey”, 1853, de Francisco Javier Angulo Guridi ha sido apuntada como la primera editada en formato de libro, mientras “El Montero” (1856), de Pedro Francisco Bonó, es considerada la primera novela escrita propiamente por un dominicano, aunque publicada en París.
A “La Campana del Higo” (1866), del maestro Manuel de Jesús de Peña y Reynoso, se tiene como la primera novela impresa en el país.
En 1882 aparece “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván, considerada todavía la obra cumbre de la narrativa dominicana.
Durante el siglo veinte se publicaron más de 300 novelas, dije yo, pero Stanley manifestó que son mil.
Lo más seguro es que ya antes de mitad de ese período se rompió el esquema de novelistas de una sola novela.
Es lo que algún crítico ha llamado “síndrome de la novela única”.
Tenemos al menos dos autores con más de quince novelas publicadas, me refiero a Marcio Veloz Maggiolo y Manuel Salvador Gautier.
Contamos, además, con un grupo amplio de escritores con promedio de diez novelas publicadas.
(Diógenes Valdez, Rafael Belisario Durán, Roberto Marcallé Abréu, Avelino Stanley…).
La novelística dominicana existe, y lo demuestra el hecho de que la mayoría de estas obras aborda una cosmovisión del mundo dominicano.
En nuestra novelística está lo que somos.
Las obras tocan los asuntos relacionados con la época en que han aparecido.
Digamos indigenismo, colonialismo, industria de la caña, la vida campesina, luchas políticas, el infaltable tema de las dictaduras, la Guerra de Abril y los signos de los tiempos actuales tras la brusca variación de la sociedad dominicana, en sus modos de vida y concepciones sociales.
Nuestra novelística aborda la realidad dominicana, con sus mitos y fantasías, a la vez que asume planteamientos de orden filosófico y social en el marco de la ortodoxia del género.
Lo que hacemos aquí en novela no está por debajo de lo que produce en Cuba, Puerto Rico, Venezuela ni el resto el Caribe.
Lo que no ocurre es que nuestras novelas se exhiban en los estantes de las librerías de otros países al lado de “El reino de este Mundo” (Carpentier, Cuba), “Doña Barbara” (Gallegos, Venezuela), “La Guaracha del Macho Camacho” (Luis R.
Sánchez, Puerto Rico) o “Margarita, está linda la mar”.
(Sergio Ramírez, Nicaragua).
A nuestra novelística le ha faltado que los escritores nacionales, sobre todo los críticos y estudiosos de la literatura crean más en nosotros.
Y desde luego, que también lo hagan los editores y comercializadores del libro.
Creer más en nosotros significa menos descalificaciones y menos desprecio por lo que hacemos aquí.
Somos dados a glorificar lo foráneo y menospreciar lo nativo.
De manera, queridos amigos, que la novelística dominicana es abundante en volumen y también en calidad.
Solo falta que nosotros valoremos lo que aquí se hace.
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