República Dominicana no escapa a una tendencia mundial que ya afecta a economías avanzadas
El envejecimiento de la población es un fenómeno global que impacta la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y el crecimiento económico, y la República Dominicana enfrenta sus propias particularidades.
El envejecimiento de la población dominicana constituye uno de los mayores desafíos sociales y económicos de las próximas décadas. Sus implicaciones abarcan múltiples ámbitos, desde la sostenibilidad del sistema de pensiones hasta la capacidad productiva de la economía y la estabilidad de las finanzas públicas. El actual sistema de pensiones presenta importantes limitaciones estructurales, problemas actuariales y notorias inequidades que generan preocupación en amplios sectores de la sociedad.
Son pocos los trabajadores que consideran suficientes los recursos que recibirían al llegar a la edad de retiro, luego de una vida completa de aportes al sistema. La percepción generalizada es que los beneficios proyectados resultan insuficientes para garantizar una vejez digna. Diversos análisis realizados por especialistas coinciden en la necesidad de abordar con urgencia esta problemática, cuya reforma se encuentra actualmente en discusión en las cámaras legislativas. Posponer soluciones podría profundizar el descontento social y generar tensiones similares a las observadas en otros países de la región que han enfrentado crisis previsionales.
Esta realidad se ve agravada por el hecho de que el envejecimiento poblacional ocurre simultáneamente con una desaceleración en el crecimiento de la fuerza laboral. Una de las causas principales es la elevada informalidad económica, que continúa absorbiendo una parte considerable de los trabajadores dominicanos. Cada vez más personas desarrollan actividades por cuenta propia al margen de los registros formales, evitando los costos regulatorios y tributarios que implica la formalización. Como consecuencia, el número de trabajadores formales que contribuyen al sistema resulta insuficiente para sostener una población envejecida en constante crecimiento.
A esto se suma el aumento de la esperanza de vida y los avances en materia de salud, factores que prolongan el período durante el cual los ciudadanos requieren pensiones y servicios médicos. De ahí surgen las propuestas de incrementar las contribuciones al sistema o revisar otros parámetros de financiamiento para compensar los efectos acumulados de la inflación y de diversos choques económicos. En este contexto, el Presupuesto General del Estado tendrá que destinar progresivamente mayores recursos a la atención sanitaria y social de los adultos mayores, corrigiendo desequilibrios acumulados durante décadas de distorsiones estructurales.
El fenómeno no es exclusivo de la República Dominicana. Las economías avanzadas también enfrentan las consecuencias de una menor tasa de natalidad y de una reducción gradual de la fuerza laboral, aun cuando reciben importantes flujos migratorios. Estos factores han contribuido a una desaceleración del crecimiento económico y podrían dificultar los procesos de recuperación posteriores a conflictos geopolíticos y crisis internacionales. Numerosos estudios empíricos muestran que existe una estrecha relación entre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), el crecimiento poblacional y la expansión de la fuerza laboral. Cuando disminuye el crecimiento de la población económicamente activa, tiende a reducirse también el potencial de crecimiento de la economía. En Estados Unidos, por ejemplo, la población entre 20 y 64 años creció en promedio alrededor de un 1.2 % anual entre 1975 y 2015. Sin embargo, las proyecciones actuales apuntan hacia una desaceleración significativa.










