El dilema del gasto público en medio de la tormenta económica
Cuestionar lo que parece obvio genera incomodidad, pero abre paso al análisis riguroso. Aumentar el gasto público durante una crisis puede sonar tan contradictorio como apagar una llama con más combustible. No obstante, esta visión simplista oculta matices que merecen examen detenido.
Los gobiernos enfrentan una encrucijada cuando deben recortar erogaciones precisamente en momentos que reclaman mayor inversión estatal. El debate evoca la imagen del «helicóptero del dinero», idea de Milton Friedman popularizada por Ben Bernanke, Nobel de Economía en 2022. ¿Cómo justificar menos recursos para infraestructura o salud cuando la guerra y la inflación global castigan a las economías en desarrollo?
Inflación, déficit y márgenes fiscales estrechos
República Dominicana no padece deflación, pero sí un alza de precios que corroe el poder de compra. Aunque la meta inflacionaria rondaba el 4%, el repunte hasta 5.11% enciende las alarmas entre analistas y autoridades. El gasto de capital y la inversión productiva emergen como instrumentos clave para preservar la estabilidad macroeconómica.
Las medidas fiscales para estimular la demanda podrían representar entre 2% y 3% del PIB. El ahorro forzoso de RD$40,000 millones anunciado por el Ejecutivo podría resultar insuficiente para subsidios esenciales como combustibles y electricidad. La factura petrolera podría rozar los US$7,000 millones al cierre fiscal. A ello se suma el deterioro crónico de los balances públicos, con déficits primarios entre 2% y 3.5% del PIB financiados con deuda externa.
Límites reales de las políticas expansivas
La teoría económica indica que políticas monetarias y fiscales buscan amortiguar la caída del producto cuando el crédito se restringe. Una estrategia anticíclica bien calibrada acorta las recesiones si el gasto es amplio, oportuno y diversificado. Sin embargo, las restricciones bancarias y la pérdida de ingresos familiares limitan su efectividad.
La historia muestra que tras grandes crisis la deuda pública salta cerca de 30 puntos del PIB. Con un déficit que ronda entre 3% y 3.5% del PIB, el margen fiscal dominicano es reducido. Las expansiones fiscales siguen siendo necesarias para mitigar recesiones, pero su eficacia depende de administrarlas con prudencia y responsabilidad.










