El testimonio escrito de una víctima y el mensaje atroz de los feminicidas
Esmeralda murió al denunciar; Carolina dejó un diario sin respuestas
Los feminicidios que enlutan este mes de mayo parecen —solo parecen— haber conmovido a una sociedad que reaccionó con tibieza ante los veintitrés crímenes ocurridos en los cuatro meses previos. Los medios y las redes sociales se han visto desbordados por opiniones que con frecuencia revictimizan a las mujeres asesinadas, reflejando el descaro de la misoginia cultural dominicana.
Dos factores explican este quiebre circunstancial en la complicidad social con el feminicidio. El primero: la imagen desgarradora de Esmeralda Moronta corriendo para escapar de la muerte, que la alcanzó en los alrededores de la Unidad de Atención a la Violencia de Género de Santo Domingo Este, justo donde había ido a denunciar a su agresor. El lugar de su asesinato encierra una carga simbólica demoledora: denunciar no protege e incluso incrementa el peligro.
El segundo elemento es la publicación del cuaderno donde Carolina Beltré, asesinada el pasado domingo, plasmó en seis páginas su angustia íntima. Al final dejó una pregunta: «¿qué se puede hacer en ese caso?», con una flecha hacia una página en blanco, metáfora de su soledad. El cuaderno advertía «no tocar», como si el dolor fuera inconfesable, mientras los vecinos blanquean al feminicida sembrando dudas sobre la conducta de ella.









