Hasta hace unos días, Marielis Yoanna Beltré Féliz era una joven más entre millones de dominicanas.
Tenía una familia, personas que la querían, planes, preocupaciones, días buenos y días malos, como cualquiera de nosotros.
Nunca debió convertirse en noticia, ni debimos conocer su nombre por la forma en que lo conocimos.
Según la denuncia de sus familiares, salió de su casa y fue víctima de una agresión sexual.
Días después falleció mientras las autoridades investigaban lo ocurrido.
Desde entonces no puedo evitar imaginar el vacío que dejó en su casa, la silla que ahora quedó vacía, la llamada que nunca llegó, el dolor de una familia que salió a buscar respuestas cuando lo único que esperaba era verla regresar.
Y también pienso en nosotros y en lo poco que duran estas conversaciones.
Hoy nos duele Marielis, mañana otra tragedia ocupará los titulares y dentro de poco habrá otra historia, otra familia destrozada, otra mujer que salió de su casa sin imaginar que no volvería igual o que, sencillamente, no volvería.
Es como si nos hubiéramos resignado a vivir entre el salvajismo, como si cada caso nos indignara un rato y después aprendiéramos a seguir con nuestra vida porque, al final, la noticia cambia.
Asusta pensar que abrir las noticias ya casi siempre signifique encontrarse con una tragedia distinta, que el miedo empiece a parecer normal y que haya mujeres que salgan de su casa con la incertidumbre de si volverán sanas y salvas.
Una sociedad no debería acostumbrarse nunca a vivir así.
Ojalá llegue el día en que casos como este dejen de ocurrir.
Pero mientras ese día llega, al menos no permitamos que el dolor dure menos que el ciclo de una noticia.
Quién sabe si todavía nos escandaliza la violencia o si simplemente aprendimos a convivir con ella, pero si la respuesta es la segunda, entonces esa sería la derrota más dolorosa de todas.
Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES República Dominicana.










