Publicidad
Publicidad
Deportes

Inteligencia Artificial y Nefrología: El futuro de la medicina clínica

Entre acordes de jazz, el misticismo de sus pantanos y los sabores únicos de su cocina criolla y cajún —donde destacan los mariscos del Golfo, el gumbo, la jambalaya y los tradicionales beignets—, la ciudad de Nueva Orleans se convirtió el pasado mes de mayo en el epicentro académico de la nefrología, al acoger las Reuniones Clínicas de Primavera del National Kidney Foundation (SCM26).

En el marco de estas sesiones, tuve la oportunidad de asistir a la ponencia del doctor Wisit Cheungpasitporn, profesor de medicina de la Clínica Mayo en Minnesota, enfocada en cómo la Inteligencia Artificial (IA) está optimizando la eficiencia clínica.

La clave de este avance radica en la adopción de la denominada «IA ambiental» (Ambient AI), un sistema de escucha pasiva que está transformando la dinámica tradicional dentro del consultorio.

Este proceso se ejecuta a través de tres fases automatizadas que operan de forma secuencial: primero, una escucha pasiva captura el audio del encuentro diferenciando con precisión las voces del médico y del paciente; acto seguido, el Procesamiento de Lenguaje Natural (PLN) filtra la charla informal para extraer exclusivamente los datos de valor clínico; y, finalmente, la generación del borrador, redacta en cuestión de segundos, una nota médica estructurada directamente en el historial electrónico.

Esta innovación permite que el profesional de la salud mantenga el contacto visual y se concentre plenamente en el acto del diagnóstico, eliminando la necesidad de teclear simultáneamente mientras el paciente habla.

Ante el persistente debate sobre si la tecnología desplazará al profesional de la salud, la respuesta del foro fue contundente: no.

La IA sobresale en la gestión y reproducción de información preexistente, pero carece por completo de la capacidad cognitiva para generar nuevo saber científico, manejar abstracciones complejas o innovar mediante la experiencia acumulada.

La máquina vive de los datos del pasado; el ser humano es el único capaz de conceptualizar el futuro.

Por esta razón, la IA no se expuso en la conferencia como un reemplazo del criterio profesional, sino como una herramienta avanzada de delegación.

Su propósito óptimo dentro del ecosistema de salud es asumir aquellas tareas mecánicas, repetitivas y administrativas que no requieren de un juicio crítico profundo.

El uso de esta tecnología conlleva una responsabilidad legal y ética ineludible que recae exclusivamente en el profesional de la medicina.

Los errores del algoritmo —denominados «alucinaciones» en el entorno tecnológico— suelen ser frecuentes y sumamente sutiles, por lo que el médico está obligado a auditar, evaluar y corregir cada respuesta automatizada antes de ser validada.

Este escenario introduce, además, un desafío crítico en torno a la privacidad de la Información Médica Protegida (PHI), regulada de manera estricta por leyes estadounidenses como HIPAA.

La recomendación de los expertos en Nueva Orleans fue categórica: la práctica médica formal no puede permitirse el uso de herramientas de IA gratuitas.

Cuando se utiliza una plataforma abierta o sin costo, los datos sensibles del paciente salen del entorno institucional y se alojan en nubes públicas para seguir entrenando al algoritmo externo, lo que genera brechas críticas de confidencialidad.

La vía correcta exige establecer contratos formales y privados con las corporaciones tecnológicas para que la información se procese de manera estrictamente local o en entornos corporativos dedicados.

Esto mitiga de forma sustancial el riesgo de que los datos protegidos escapen del ecosistema de seguridad del centro de salud.

A pesar del indudable entusiasmo tecnológico, la comunidad médica mantiene una postura de cautela ante riesgos críticos como el «sesgo de automatización» (la tendencia a confiar ciegamente en el sistema), la pérdida de habilidades de síntesis clínica en los nuevos médicos (deskilling) y las ya mencionadas alucinaciones de los modelos de lenguaje.

Por ello, la supervisión humana se mantiene como un requisito innegociable; el flujo de trabajo exige siempre que el médico revise, edite y firme manualmente cualquier borrador antes de incorporarlo al registro oficial.

En conclusión, la Inteligencia Artificial ha llegado a la nefrología y a la medicina transformando la gestión de datos y optimizando los procesos administrativos.

Sin embargo, el juicio clínico, la empatía profunda en la relación médico-paciente, la compasión ante el sufrimiento y la responsabilidad ética frente al error siguen siendo un patrimonio estrictamente humano.

La máquina no piensa, solo calcula; asiste, pero no comprende.

El médico, en cambio, integra la rigurosidad de la ciencia con la sensibilidad de la humanidad, un territorio sagrado donde los algoritmos todavía no pueden transitar.

Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES República Dominicana.

admin
el autoradmin
EnTendenciaRD es un medio digital de noticias y análisis que informa sobre los temas más relevantes de la República Dominicana y el mundo, con un enfoque moderno, confiable y orientado a las tendencias actuales.

Deja una respuesta