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José Antonio Martínez: el visionario que transformó la industria láctea dominicana desde Hato Mayor

José Antonio Martínez: el visionario que transformó la industria láctea dominicana desde Hato MayorJosé Antonio Martínez: el visionario que transformó la industria láctea dominicana desde Hato Mayor

Su legado empresarial trasciende fronteras y marca un hito en el sector agroindustrial

José Antonio Martínez, nacido en Bayaguana en 1920, dejó la Policía Nacional durante la dictadura de Trujillo y se convirtió en un referente de la industria láctea en República Dominicana, con proyección internacional.

José Antonio Martínez nació el 29 de junio de 1920 en el municipio de Bayaguana, provincia de Monte Plata. En su juventud ingresó a la Policía Nacional durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, pero su espíritu independiente lo llevó a renunciar tras cuatro años de servicio. Durante su tiempo en la uniformada estuvo asignado a Yásica Arriba, en Puerto Plata, donde contrajo matrimonio por primera vez y procreó a su hijo José Manuel Martínez, quien posteriormente fijó residencia en Estados Unidos, estableciendo un vínculo con la diáspora dominicana.

Tras dejar la Policía, se trasladó a Santo Domingo y se estableció temporalmente en el barrio María Auxiliadora, donde trabajó como chofer de carro de concho. En la capital tuvo sus primeros contactos e intuiciones sobre el potencial de la industria láctea. Poco después se asoció con Alcibíades Valdez para instalar una pequeña y rudimentaria fábrica de queso en la comunidad de El Cercado, un paso que sembraría la semilla de su gran obra de vida.

A principios de la década de 1950, el destino lo llevó a Hato Mayor del Rey. Su plan inicial era simple: pasar unas breves vacaciones para descansar y visitar a sus parientes, la respetada educadora Aminda Soriano (Doña Niña) y su esposo Florindo Sánchez, quienes poseían una acogedora villa campestre en la zona. Lo que planeó como una estancia de unos cuantos días terminó convirtiéndose en un arraigo definitivo y eterno; la hospitalidad de la llanura oriental y el potencial de sus tierras lo cautivaron para siempre. Instalado ya en el municipio, comenzó a trabajar en el pastoreo de animales en la comunidad rural de Las Palmillas y, de manera concomitante, inició la fabricación artesanal de queso blanco.

Con el paso del tiempo, el joven y visionario emprendedor fue adquiriendo tierras propias. Don José comprendió tempranamente el concepto de la integración vertical: la mejor forma de garantizar la calidad y el suministro constante de la materia prima, sin depender de intermediarios ni de las fluctuaciones del mercado externo, era criando sus propias vacas lecheras. El crecimiento del negocio lo obligó a trasladar sus operaciones desde el campo de Las Palmillas al casco urbano de Hato Mayor del Rey. Se instaló en un modesto local dedicado inicialmente a la producción de mantequilla. Esta primera etapa estuvo marcada por los titánicos desafíos de la época: operaba una rudimentaria máquina que pasaba más tiempo apagada que encendida, debido a los severos y constantes apagones que caracterizaban a las redes de distribución de la entonces Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). Lejos de amedrentarse, su visión preclara lo empujó a dar el gran salto. Adquirió un local en el sector Villa Canto, barrio que se convertiría en el corazón de su imperio lácteo. Los inicios en este nuevo punto fueron estrictamente artesanales: con una sola pileta fabricada de bloques y cemento, Don José comenzó a batir la leche.

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