Un retraso que se transformó en salvación
Bhoomi Chauhan, una joven ciudadana de la India, jamás imaginó que un congestionamiento vehicular le salvaría la existencia.
La mañana del jueves se alistó con esmero y partió rumbo a la terminal aérea de Ahmedabad para abordar el vuelo AI171 de Air India con destino a Londres.
Todo parecía marchar según lo previsto hasta que un monumental atasco en las calles de la urbe truncó por completo sus planes de viaje.
Diez minutos que marcaron la diferencia
La muchacha arribó a las instalaciones con apenas diez minutos de demora, pero ese lapso fue suficiente para que la aerolínea le negara el embarque de forma definitiva.
Invadida por la frustración, el enfado y una profunda sensación de impotencia, cuestionó al destino y al tránsito caótico por lo que consideraba una jornada absolutamente desastrosa.
No obstante, ignoraba por completo la magnitud del accidente aéreo que se desencadenaría instantes más tarde y que cambiaría su percepción para siempre.
La tragedia que no la alcanzó
Apenas tres minutos después de que se le negara el acceso a la aeronave, el avión se precipitó a tierra cobrando la vida de más de 240 ocupantes y dejando un único superviviente con vida.
Al enterarse del siniestro, Bhoomi rompió en llanto al dimensionar que aquel contratiempo vial había sido, en realidad, un acto de protección divina que la mantuvo a salvo.
«Únicamente puedo afirmar que Dios me resguardó. Mi mente está en blanco, mi cuerpo tirita, pero estoy viva», manifestó la sobreviviente por causalidad, visiblemente estremecida por lo ocurrido.
La experiencia deja una enseñanza contundente: cuando las circunstancias parecen adversas, quizás el universo esté trazando un camino de salvación sin que lo percibamos a simple vista.








