Análisis de Diana Torres sobre liderazgos que perduran y otros que se apagan con el cargo
En un contexto donde varios actores gubernamentales empiezan a mirar hacia lo que viene después de sus posiciones, la consultora Diana Torres analiza por qué algunos líderes trascienden su cargo y otros desaparecen con él.
El cargo termina. La autoridad, cuando existe, permanece. Todos los ciclos políticos tienen un final anunciado, y quienes ocupan posiciones de poder lo saben desde el primer día. Lo que resulta menos evidente es que, para algunos, ese final representa apenas un cambio de plataforma, mientras que para otros representa el final de su relevancia pública.
Esa diferencia no se explica por la gestión realizada, por los resultados obtenidos o por el nivel de exposición que se tuvo durante el cargo. Existen funcionarios con gestiones sólidas que desaparecen del radar público apenas dejan su posición, así como otros, con trayectorias menos visibles, que mantienen presencia, consultas y reconocimiento años después de haber salido. La explicación suele estar en si esa figura llegó a construir autoridad propia o si simplemente ocupó un cargo durante un tiempo determinado.
El cargo otorga poder formal: ofrece una estructura, una agenda, un equipo, una vocería, pero todo eso es prestado. Pertenece a la institución y se devuelve el día en que el cargo termina. La autoridad funciona de manera distinta, porque una vez construida viaja con la persona. Por eso algunos exfuncionarios siguen siendo consultados sobre los temas que manejaron y siguen teniendo un lugar en la conversación pública, mientras que otros, con responsabilidades similares, simplemente dejan de aparecer.
Quienes logran trascender su cargo son, casi sin excepción, líderes que durante su gestión se preocuparon por algo más que ejecutar. Se preocuparon también por que su criterio fuera visible, por que su forma de pensar sobre los temas que manejaban quedara asociada a su nombre y no únicamente a su función. No se trata de buscar protagonismo, sino de lograr que, cuando alguien piense en un tema determinado, ese liderazgo venga a la mente como referencia, sin importar el cargo que ocupe en ese momento. Quienes no hacen ese trabajo terminan completamente identificados con su función. Su voz pública existió porque el cargo la sostenía, y cuando el cargo desaparece, la voz desaparece con él. No porque la persona haya dejado de tener criterio, sino porque nunca construyó un espacio propio desde donde ese criterio pudiera seguir siendo escuchado.
En un contexto como el actual, donde varios actores del ámbito gubernamental empiezan a mirar hacia lo que viene después de sus posiciones, esta distinción se vuelve especialmente relevante. El momento para construir autoridad no es el día después de dejar el cargo, sino ahora, mientras la posición todavía ofrece la plataforma y la visibilidad necesarias para que ese criterio empiece a asociarse con la persona y no solamente con la función que ocupa. Así lo plantea Diana Torres, consultora en Comunicación Estratégica y Gestión de la Reputación.











