Uno de los debates jurídicos más trascendentales de nuestro tiempo ha sido planteado por el profesor Francisco Balaguer Callejón en La Constitución del Algoritmo.
Su pregunta central es decisiva: ¿pueden las constituciones concebidas para una sociedad analógica seguir garantizando los derechos fundamentales en un entorno gobernado crecientemente por algoritmos? Durante siglos, el constitucionalismo protegió la libertad, la igualdad, la intimidad y el debido proceso frente a decisiones adoptadas por personas e instituciones.
Hoy, sin embargo, los algoritmos intervienen en la circulación de la información, las relaciones económicas, el acceso al conocimiento y numerosas decisiones que afectan directamente la vida de los ciudadanos.
Balaguer advierte así una tensión esencial: la Constitución permanece analógica, mientras la realidad adquiere una dimensión crecientemente digital.
El desafío no consiste en sustituir la Constitución por la tecnología, sino en proyectar sus principios sobre ese nuevo escenario.
La libertad continúa siendo libertad aunque la amenaza provenga de un algoritmo; la igualdad sigue siendo igualdad aunque la discriminación nazca de sistemas automatizados; la dignidad humana permanece inviolable aun cuando intervenga la inteligencia artificial.
Para la abogacía dominicana este debate resulta inaplazable.
El Derecho no puede permanecer ajeno a la revolución tecnológica, pero tampoco renunciar a su misión esencial: asegurar que toda forma de poder, cualquiera sea su origen, permanezca sometida a la dignidad humana y al imperio de la Constitución.
Ese es el gran mensaje: el futuro podrá ser digital, pero los valores constitucionales que sostienen la libertad deberán seguir siendo profundamente humanos.
Porque ninguna innovación tecnológica puede justificar la erosión de los derechos fundamentales ni desplazar la Constitución democrática.
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