Yerra parcialmente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al proponer lo que considera “las tres prioridades” que las economías de la región deben observar en la actual coyuntura de pretendida incertidumbre.
Según nuestro artículo anterior, lo que por doquier se considera una coyuntura incierta podría considerarse el punto de articulación definitiva de la nueva normalidad geopolítica, un proceso que erige sus columnas sobre las bases de la economía mundial; un commodity específico: el petróleo, y el mutuo consentimiento transaccional entre las naciones que lideran lo económico y lo militar.
Un concepto, “nueva normalidad”, cuyo perfil empezaron a abocetar los primeros trazos de sufrimiento y enclaustramiento que durante la pandemia de la COVID-19 sufrió la humanidad.
Para el BID, las naciones de América Latina y sus semejantes en escala están ante la obligación de enfocar esas tres “prioridades de política” que, para ellos, “realmente importan”.
Son, según su enfoque, “proteger a las personas pobres y vulnerables, mantener la disciplina fiscal y diversificar y fortalecer las cadenas de suministro”.
El BID lo despachó en su documento “Investigación para el desarrollo”.
Consideramos que tal presupuesto conduce al subdesarrollo y lo perpetúa.
¿Por qué? Simple: horas antes de recibir esa información del BID, el Banco Central de la República Dominicana (BanCentral) despachaba su nota: “Economía dominicana registra crecimiento promedio de 4.0 % en enero-abril 2026”.
¿A qué se debió? A que, en vez de enfocarse en los aspectos que señala el BID como prioritarios, los agentes económicos nacionales se enfocaron y se enfocan en lo que determina el crecimiento: la producción.
Quienes deseen hablar de cadena de suministro sin priorizar la producción interna de bienes y servicios (riqueza), que pregunten a China.
Honesto en su enfoque sobre el crecimiento —factor que se articula desde el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE)—, el regulador monetario y financiero dominicano explicó este resultado.
Para el acopio de dicho índice, el BanCentral nutre sus modelos con datos de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) y otros indicadores.
De enero a abril de 2026 —tabuló— el IMAE superó con creces sus resultados del 2025: interanual pasó, en los meses correspondientes de 2025 y 2026 y en términos porcentuales, de 2.3 a 3.5 en enero; de 0.7 a 3.9 en febrero; de 5.4 a 5.1 en marzo y de 1.7 a 3.8 en abril.
Esa relación nos revela la existencia de un empresariado nacional diligente, comprometido y enfocado en sus actividades; que en medio de la cacareada incertidumbre apostó por reforzar su activismo económico, sin dormirse en laureles ni orillarse a las aguas de la procrastinación, esperando lo que podría traerles alguno de esos argonautas de las ilusiones.
Y, también, a un regulador oficial alerta, diligente, enfocado y pendiente de la mínima variación de cualquier indicador económico.
El crecimiento dominicano informado por el BanCentral estuvo impulsado de forma significativa por el ingreso al ruedo de la producción minera.
Esta actividad creció 10 % en el período, obviamente para aprovechar el pico registrado por el precio del oro, actuando al recibir las primeras señales de desaceleración, lo cual muestra una inteligencia nacional y foránea en el manejo de este recurso que podrían emular, como paradigma, otros sectores.
Es halagüeño para el desarrollo nacional que los servicios financieros y la enseñanza casi igualaran su crecimiento (6.2 % y 6.7 %, respectivamente), pues revela el interés nacional en la inclusión financiera y que la sociedad está cifrando, en la educación, su oportunidad de progreso y desarrollo.
Que las dos subsiguientes actividades económicas que registraron mayor crecimiento en el lapso fueran Bares y restaurantes (5.9) y Salud (5.7), sugiere un binomio fascinante donde el ocio y el turismo se equilibran con el cuidado y prevención de la calidad de vida, ambos crecientes gracias a las expansiones sectoriales ancladas, en el caso de la salud, al Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS).
Es preocupante, sin embargo, el resultado del sector agropecuario (2.7 %), por su valor estratégico en la seguridad alimentaria nacional, actividad a favor de la cual el gobierno podría endurecer el cumplimiento de la Ley de Alquileres, vinculando la protección y el servicio judicial a favor de los propietarios de viviendas al depósito de las fianzas en el Banco Agrícola, como lo dispone la norma.
Los crecimientos registrados en las actividades Construcción (4.6 %) y Comunicaciones (0.3 %) estarían revelando la necesidad de políticas públicas orientadas a transferirles dinamismo.
Son sectores de importancia y actuar al respecto propiciaría el abaratamiento de viviendas y obras públicas; posibilitaría, a la vez, el desarrollo de infraestructuras y mayor calidad de las comunicaciones, especialmente en la antesala de la inteligencia artificial.
El gobierno, a través del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), podría sondear qué políticas articular para incrementar el dinamismo sectorial.
El crecimiento económico de 4.0 % comunicado por el BanCentral para el primer cuatrimestre del año es razón de orgullo.
Cada actor económico nacional podría ponderar la siguiente información: el PIB promedio de las economías de América Latina en igual período fue entre 2.1 % y 2.2 %.
En este período, la economía dominicana lidera el “ranking” de países con crecimiento acelerado, por delante de Panamá (4.07 %), Perú (3.5 %) y Costa Rica (3.4 %).
Hasta el primer trimestre: Brasil, 1.8 %; México, -0.6 %; Argentina, 1.8 % y Ecuador, 2.3 %.
Ante tales resultados, algunos bancos centrales de la región despachan informes sobre el comportamiento de su IMAE para el período, quizás por oportunidad, norma, conveniencia o rezago de la data.
El BanCentral dominicano, en cambio, informa el comportamiento de ambos indicadores, en un ejercicio de transparencia que acredita la fiabilidad y pertinencia de sus ponderaciones.
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