Mientras trabajaba en una fábrica de materiales para hacer ventanas, el dueño, un hombre rico, con un rosario de viajes y educación, me abrazaba a la fuerza e intentaba besarme constantemente.
Cuando se lo dije a mi jefa inmediata y a mi mamá, ambas me hicieron básicamente la misma pregunta: ¿qué había hecho para provocar esa reacción en él? Me decepcioné de las dos e hice lo que me resultaba más fácil: dejar el trabajo.
Escuchar al juez José Ramón Núñez, en el caso de Wander Franco , me recordó ese momento.
La idea de que la culpa recae sobre las mujeres no ha disminuido.
El magistrado decía que Franco fue una víctima y que todo pudo quedarse en el secreto de una familia; es decir, si no se dice nada sobre la relación, no hay problema.
Un adulto sostuvo relaciones con una menor a sabiendas de que eso lo convierte en violador, y aun así es visto como una víctima.
Es cierto que la madre de la menor es proxeneta, pero eximir al hombre de una condena envía el mensaje de que violar, acosar y abusar de una menor de edad no merece una sanción penal justificada.
La reacción del juez refleja un pensamiento latente en la sociedad, donde el hombre termina siendo la víctima y la mujer la responsable, incluso por haber nacido en un hogar abusivo, con ideas erróneas y disfuncionales.
Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES Edición impresa manifestaciones.









