Los menores de 30 años representan 3.5 millones de los 10 millones de hondureños
Los jóvenes de Honduras —una franja que abarca a cerca de 3.5 millones de personas de entre 12 y 30 años— navegan entre la frustración con la clase dirigente y la expectativa de un porvenir más digno en una nación que les ofrece muy pocas oportunidades. Buena parte de quienes ya han participado en hasta tres comicios generales aseguran no sentirse representados por los actores políticos que cada cuatro años acuden a solicitarles el sufragio.
Robinsson Hernández, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) en la Universidad Nacional Autónoma, afirmó que la escasa credibilidad de la juventud hacia las instituciones políticas constituye la principal barrera para su participación. El líder estudiantil, que cursa simultáneamente leyes e ingeniería química, sostuvo que haber crecido viendo corrupción, nepotismo y clientelismo político ha minado la confianza en el sistema democrático.
Hernández criticó que los dirigentes suelen crear espacios exclusivos para la juventud que los propios jóvenes no desean, en lugar de integrarlos en los ámbitos reales donde se adoptan las decisiones que determinan el rumbo del país. Su testimonio fue presentado recientemente en Brasilia durante el foro Gobiernos del futuro, organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con apoyo de la Agencia EFE.
Los datos del diagnóstico América Habla revelan que el 83.7 % de los participantes considera ideal una reforma institucional que convierta a la juventud en un actor político central, aunque un 46 % estima que lo más probable es que se mantenga el sistema democrático sin grandes transformaciones. Otro 31 % vislumbra un avance de discursos populistas en una región ya marcada por una intensa polarización política.
Diego Mejía, recién titulado en ingeniería industrial, identificó el medioambiente, la educación, la seguridad y el desempleo como los problemas prioritarios que las instituciones hondureñas deben resolver. Señaló que a muchos nuevos profesionales les toma uno o dos años conseguir trabajo, mientras otros optan por empleos en centros de llamadas gracias al dominio del inglés o simplemente emigran. Pese a las adversidades, Mejía confía en que el país salga adelante y sueña con un Honduras tecnológico y moderno dentro de dos décadas.









