La aparición de nuevas expresiones y movimientos en el escenario político nacional confirma algo que desde hace tiempo venimos advirtiendo: el sistema político dominicano atraviesa una crisis profunda de representación y legitimidad que reclama renovación. Todo ciudadano tiene derecho a presentar su opción, organizarse y procurar el respaldo del pueblo. Ese derecho forma parte esencial de la democracia y debe ser defendido, especialmente en momentos en que desde los partidos mayoritarios se impulsan acciones que podrían conducir a la desaparición de numerosas organizaciones minoritarias, reduciendo todavía más el pluralismo político.
Ante versiones e interpretaciones surgidas en las últimas horas, resulta oportuno precisar que la Fuerza Nacional Progresista no ha sostenido conversaciones, negociaciones ni acercamientos dirigidos a fusionar o integrar su estructura con proyectos políticos de reciente aparición, ni existe intención alguna en ese sentido. Respetamos el derecho de cada ciudadano a promover sus propias iniciativas, pero una cosa es coincidir circunstancialmente en determinadas preocupaciones nacionales y otra muy distinta compartir historia, doctrina, visión de Estado y proyecto de Nación.
Durante más de tres décadas, la Fuerza Nacional Progresista ha sostenido, muchas veces en circunstancias adversas y pagando costos políticos, una línea coherente de defensa de la soberanía, la identidad, la seguridad nacional, la Constitución y los intereses permanentes de la República Dominicana. No llegamos ahora a la causa nacional ni hemos convertido la dominicanidad en una consigna circunstancial. Esa trayectoria otorga a la FNP una legitimidad histórica construida con años de advertencias, propuestas y posiciones públicas. Como señalaba Umberto Eco al reflexionar sobre determinados movimientos de protesta, resulta más fácil saber aquello que se rechaza que definir con claridad aquello que se quiere construir. Y precisamente ahí radica el desafío de esta coyuntura: la República no necesita únicamente indignación; necesita proyecto, conducción y estadistas capaces de transformar el descontento en una causa nacional.
Por eso, mientras algunos pretenden reducir el futuro político a candidaturas, figuras o coyunturas electorales, desde la FNP estamos trabajando junto a otros sectores en la construcción de una nueva alternativa nacional. Pelegrín Castillo Semán viene sosteniendo consultas y conversaciones con diversos sectores de la sociedad porque el propósito trasciende una aspiración presidencial: se trata de impulsar un gran movimiento de unidad nacional y patriótica capaz de sentar las bases de esa Nueva República que durante años ha planteado como respuesta a un modelo político agotado. Una construcción sin vanguardismos, sin mesianismos y sin adanismos, donde nadie pretenda comenzar la historia consigo mismo ni apropiarse individualmente de una causa que pertenece al pueblo dominicano.
Hay momentos en la historia en que no basta con administrar las circunstancias: hay que comprenderlas, advertir sus peligros y ser capaces de unificar al pueblo para defender su existencia, su soberanía y su porvenir. República Dominicana necesita reencontrarse alrededor de aquello que está por encima de nuestras diferencias: la Nación. Frente al debilitamiento institucional, la pérdida de confianza ciudadana y unas élites que con demasiada frecuencia parecen distanciarse de los intereses permanentes del país, nuestra responsabilidad no es alimentar nuevas divisiones, sino convocar a dominicanos de todos los sectores que estén dispuestos a construir un proyecto serio, democrático, responsable y profundamente comprometido con la Patria.
Ese es el camino que estamos construyendo. No alrededor del culto a una persona, sino alrededor de una causa; no para imponer una visión, sino para unificar una Nación; no simplemente para conquistar el poder, sino para preservar la República y legarla fortalecida a quienes vienen detrás de nosotros. Porque cuando la existencia y el destino de la Patria están en juego, la responsabilidad de una generación es saber ponerse a la altura de su historia. Y hoy adquieren renovada vigencia las palabras de nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte: “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”.
Por Priyanka Rodríguez










