Mientras muchos conductores transitan en sus vehículos cada mañana por el rumbo a sus afanes diarios, hay quienes comienzan la jornada con la vieja tradición de.
carga un arpón que sobresale por encima de su hombro mientras camina por el , en el.
A un lado lleva las aletas, una nevera y el resto del que utilizará durante las próximas horas.
A diferencia de quienes esperan que un pez muerda el anzuelo desde la o desde un bote, él a.
«Camino con el y después esa misma distancia adentro.
Todo es a pulmón», cuenta antes de iniciar una jornada que comienza a las y que termina cerca del mediodía.
combina su amor por el y la con el.
El buzo vende lo que captura a clientes que ya le hacen encargos y, hundido en el , busca , dorados y otras , generalmente entre por salida.
Aunque la representa una parte importante de sus ingresos, no es su única ocupación.
También trabaja como , pero reconoce que el terminó convirtiéndose en mucho más que una fuente de dinero, hasta el punto que quiso que el mundo conociera su pasión por el abriendo su propio.
Si tuviera que elegir entre pasar el día en un taller o bajo el agua, asegura que siempre escogería lo segundo porque es una actividad que disfruta desde niño y que nunca dejó de apasionarlo ya que creció en , donde aprendió a nadar y a amar un que hoy dice no reconocer.
A diferencia de otros que dependen de lo que capturan para obtener ingresos, nunca convirtió la en un.
Desde hace casi 45 años regresa al por una razón distinta: dice que allí encuentra un espacio para pensar.
Llega al a las y suele marcharse antes de las , sin importar si el capturó o no algún.
Con los años aprendió a no medir una jornada por la cantidad de que lleva a casa y reconoce que puede pasar e incluso sin conseguir una , pero eso no modifica su rutina.
Lo que lo mantiene regresando cada mañana es el que desarrolló con el y recuerda un paisaje completamente distinto al que tiene frente a sus ojos ya que, según cuenta, décadas atrás era común ver acercarse a la y saltando constantemente sobre la.
Una imagen que, según asegura, con los años fue desapareciendo.
Por eso insiste en que el cambio más grande que ha presenciado no está en el , sino bajo la y lo resume en una frase breve: «Yo veo el muerto».
Mientras repara una red junto a otros , asegura que suele llegar a la , en el , a las y permanecer hasta las dos o tres de la tarde, dependiendo de cómo se comporte el.
En esas horas no solo , también comparte con sus compañeros, prepara los equipos y organiza las capturas que luego venderán.
Francisco explica que actualmente el grupo que se reúne en la está integrado por unos habituales y que recientemente comenzaron a a más de interesados en aprender el oficio.
Aunque se define como uno de los miembros más nuevos del grupo, lleva cerca de pescando en el y explica que varios de sus compañeros comenzaron mucho antes que él y hoy superan el medio siglo dedicados a la.
Más que compartir un oficio, los han construido una.
Cada uno conoce las fortalezas del otro y, cuando las condiciones del cambian, suelen sobre las zonas donde hay mayor movimiento de.
Entre los productos que con mayor frecuencia llevan a tierra menciona , , y langostas -cuando la termina- para venderlos a clientes particulares.
Asegura que respetar esos períodos no solo responde a una , sino también a la necesidad de de los que depende el trabajo de todos.
Basta con preguntarles cómo era el cuando comenzaron a pescar para que las respuestas terminen pareciéndose.
Ninguno habla primero de las capturas, sino de un que, según recuerdan, era , con mayor presencia de y una que hoy sienten cada vez más escasa.
Las historias cambian según el lugar desde donde lo observan, unos desde la y otro a de profundidad, pero todas comparten la misma sensación de que el que conocieron ya no es el mismo.
Mientras asegura que sumergido en el agua encuentra que pocas personas llegan a ver desde la , lamenta que que antes eran comunes cerca de la prácticamente hayan desaparecido de su rutina.
suma otra preocupación y sostiene que la , el y las que llegan al litoral alteraron el comportamiento del con el paso de los años.
Ninguno presenta estudios ni estadísticas.
Hablan desde la de cientos de mañanas frente al y de miles de horas observando un que conocen casi de memoria y que, según ellos, ha cambiado con el paso de los años..











