A pesar de haber logrado avances extraordinarios en la lucha contra la mortalidad infantil y enfermedades como el VIH, la poliomielitis y la malaria, el sistema sanitario global se ve sometido a una gran presión, no solo por la reducción de los recursos, sino también por un escrutinio sin precedentes y unas expectativas cada vez mayores.
Los críticos señalan, acertadamente, que la arquitectura sanitaria global de hoy está fragmentada, es costosa y no siempre responde a las necesidades cambiantes.
Cada vez más, los gobiernos donantes y receptores, así como otros financiadores, exigen un sistema más eficiente que reduzca la duplicación de esfuerzos, elimine los compartimentos estancos, potencie el liderazgo de los países y apoye a los sistemas nacionales de salud.
Sin duda, estas reformas son necesarias.
Pero reformar el sistema sanitario global exige tener claras sus funciones fundamentales, de las cuales una de las más importantes es la expansión de la innovación.
No podemos satisfacer las necesidades sanitarias actuales -y mucho menos las futuras- con las herramientas del pasado.
La resistencia a los medicamentos va en aumento, los patógenos están evolucionando y demasiadas poblaciones siguen sin tener acceso a nuevos medicamentos, vacunas y pruebas de diagnóstico.
Mejorar la coordinación y la prestación de servicios sin tener en cuenta la innovación conlleva el riesgo de crear un sistema mejor organizado, pero no más eficaz.
El verdadero desafío, por lo tanto, es garantizar que un sistema sanitario global reformado, impulsado por las necesidades de los países, pueda seguir generando la próxima generación de herramientas sanitarias.
Para ello será necesario establecer relaciones entre gobiernos, investigadores, financiadores y fabricantes con el fin de satisfacer necesidades que los mercados no están en condiciones de abordar.
Un modelo a seguir es una asociación de desarrollo de producto (PDP, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro que reúne a actores del sector público, privado, académico, filantrópico y de la sociedad civil para desarrollar medicamentos, vacunas y pruebas de diagnóstico destinados a enfrentar los desafíos sanitarios globales más acuciantes de la actualidad.
Muchos de estos retos, desde la malaria y las enfermedades desatendidas hasta las infecciones neonatales y las infecciones bacterianas resistentes a los medicamentos, causan un inmenso sufrimiento humano, pero quedan fuera del alcance del desarrollo farmacéutico tradicional impulsado por el mercado, debido a los costos elevados y a la incertidumbre respecto de los beneficios.
Los gobiernos, por su parte, carecen de la capacidad o la voluntad para llevar estas tecnologías hasta el final del proceso de desarrollo.
Las PDP cierran esta brecha entre la posibilidad científica y las soluciones en el mundo real.
Al funcionar sin fines de lucro, pueden asumir riesgos que los actores comerciales no pueden asumir y dar prioridad a la salud pública por encima de la rentabilidad del mercado.
Este realineamiento de los incentivos considera la innovación como un bien público global.
A lo largo de casi 30 años, las PDP han proporcionado más de 79 herramientas sanitarias innovadoras a 2.400 millones de personas, ayudando a las poblaciones en situación de riesgo -entre ellas, niños, recién nacidos, mujeres embarazadas y personas que viven en entornos con escasos recursos- que son las que menos probabilidades tienen de beneficiarse de los avances médicos.
Hemos sido testigos de primera mano del impacto positivo de las PDP.
El acoziborol, un fármaco oral de dosis única contra la enfermedad del sueño desarrollado por la iniciativa “Medicamentos para Enfermedades Desatendidas”, ha allanado el camino para la eliminación de esta enfermedad mortal al mejorar el tratamiento de los pacientes en zonas remotas.
Coartem Baby, desarrollado gracias a una colaboración entre Medicines for Malaria Venture y Novartis, es el primer y único antimalárico específico para bebés que pesan entre 2 y 5 kilogramos.
Y la zoliflodacina, un antibiótico desarrollado conjuntamente por la Asociación Mundial para la Investigación y el Desarrollo de Antibióticos, es el primer tratamiento nuevo en décadas desarrollado exclusivamente para la gonorrea resistente a los medicamentos -una de las amenazas antimicrobianas más urgentes y desatendidas del mundo.
Estos avances demuestran cómo las PDP pueden proporcionar herramientas prácticas que salvan vidas a personas que han quedado al margen del sistema farmacéutico tradicional, impulsado por el lucro.
Las PDP lo consiguen trabajando a lo largo de todo el proceso, desde el descubrimiento hasta la distribución, lo que les permite integrar funciones que, muchas veces, se tratan por separado en otras partes del sistema sanitario global.
Igual de importante es que las PDP colaboran no solo con los gobiernos, sino también con el sector privado, las organizaciones de investigación y las comunidades, lo que les permite abordar las prioridades nacionales, llevar a cabo ensayos en entornos con alta prevalencia y garantizar que los nuevos productos sean relevantes, asequibles y utilizables en contextos reales.
Esto es fundamental para el funcionamiento del modelo.
En tanto la atención se centra en el liderazgo nacional, las PDP ilustran cómo lograrlo en la práctica, a través de la colaboración en lugar de la imposición.
Un entorno de financiamiento más complejo hace que esta estrategia sea aún más esencial para mantener el progreso.
Por supuesto, ningún modelo por sí solo es una solución mágica.
Las PDP también deben seguir evolucionando.
Si bien nuestras tres organizaciones llevan mucho tiempo colaborando de manera estrecha, ahora estamos comprometidos a fortalecer nuestros lazos para aunar más conocimientos y recursos, adaptarnos a las nuevas oportunidades científicas y tecnológicas, reducir la duplicación de esfuerzos y garantizar nuestra rendición de cuentas ante las comunidades a las que servimos.
Nuestras experiencias colectivas ofrecen lecciones prácticas para los esfuerzos de reforma.
Un sistema sanitario global liderado por los países debe seguir generando resultados esenciales como la innovación, lo cual puede lograrse reforzando los mecanismos que ya funcionan.
No se trata de un complemento opcional: sin nuevos medicamentos, vacunas y métodos de diagnóstico, los avances actuales no se mantendrán y las necesidades del futuro quedarán insatisfechas.
Los enfoques basados en la colaboración deben seguir siendo el núcleo de un sistema diseñado para servir, ante todo, a los países y a las comunidades.
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