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Internacionales

La universal utilidad del expresionismo abstracto

Hace unos días conversaba con uno de mis amigos artistas.

Como es natural en estos casos, el tema de la situación actual de las artes y la cultura en e país surgió de inmediato.

No quise gastar energías en análisis de coyunturas ni en alimentar emociones enojosas, así que sobreseí ese tema y dirigí la conversación hacia el mundo de los conceptos.

El tema inicial versaba sobre el expresionismos abstracto.

Al igual que otras corrientes de las artes actuales, especialmente los performances, las instalaciones y los constructos que por doquier llenan importantes espacios en iniciativas feriales, expositivos y bienales, recibe esta modalidad un enfrentamiento radical de los sectores de las artes que proclaman la universalidad de la mímesis —más o menos simbólica— como factor desencadenante y definitorio de los productos estéticos.

Recordé una conversación sostenida al respecto con mi entrañable amiga, la doctora Laura Gil, enjundiosa profesora y poseedora de uno de los talentos y capacidades más refinados y valorados en nuestra disciplina: la historicidad.

Ella hurga en el denso arsenal de los conceptos y las propuestas que a lo largo de su historia ha hecho la humanidad, para explicar la actualidad de los aparatos artísticos locales desde sus diversas y emotivas aristas de inquietud y previsión: “oscurecidas” o relumbrantes.

Es natural que autores como Shelling, Hegel, Shopenhawer y artistas como Kandinsky me vinieran a la memoria y, desde ellos, la Bauhaus, en sus diferentes momentos.

Tanto su génesis a principios de siglo XX, con la llamada Escuela de Artes y Oficios de Weimar (Kunstgewerbeschule), fundada en 1902 y dirigida por el célebre arquitecto y diseñador Henry van de Velde (n.

Bélgica, 1863 – †Suiza, 1957).

Desde esta y por los vínculos van de Velde con Walter Gropius (n.

Alemania, 1883 – †Estados Unidos, 1969), se concretó en 1919 como centro de investigación y enseñanza multidisciplinario que integró un diverso grupo de profesores y teóricos que a causa de la II Guerra Mundial emigraron hacia otros países de Europa y a los Estados Unidos, donde imprimieron un formidable impulso al desarrollo de las artes y las industrias culturales es en esa nación.

Le compartí, enfaticé y recuerdo bien, que ese movimiento de renovación intensa y profunda en las artes que estalló en EE.

UU.

Venia desde los años veinte, influido desde Europa, lo cual es, entre nosotros, verdad de Perogrullo.

Sin embargo, debía recordarlo porque, cuando en la República Dominicana gente sin estudio, formación, capacidad ni talento quiere descalificar algo o a otros para eliminar competencias profesionales o de cualquier otra índole, recurre a la difamación, de manera tan intensa y aviesa que no repara en los límites que la prudencia impone a lo soez.

Para ese tipo de personas se escribe este texto.

Se les dice que la irrupción del informalismo abstracto en EE.

UU.

tiene orígenes muchos más diversos que en la competencia cultural que desde el inicio de la Guerra Fría asumieron las economías y naciones que resultaron hegemónicas.

Aunque esa competencia existió como base de las relaciones internacionales orientadas a la propaganda y a la legitimidad interna intrasistémica, aportando fortalezas para acreditar el discurso nacionalista de pretendida superioridad moral y política de su forma de gobierno y manera de articular la doctrina política en boga: el Estado de bienestar.

Para los desinformados las causas de esa propuesta pictórica tuvo orígenes en esa competencia, un factor determinante extra estético, lo que no es consistente con la experiencia de las evoluciones —y hasta las revoluciones— artísticas experimentadas en los discursos estéticos a lo largo de la historia y, menos, con los datos ciertos.

Tales argumentos ignoran que el propio Jackson Pollock reconoció el impacto que sobre él y su forma de pintar tuvo la obra de la artista autodidacta de origen ucraniano Janet Sobel (1893–1968), quien bajo un título homónimo a ella realizó, en 1944, su primera exposición individual en la Puma Gallery de Nueva York, propiedad del artista, autor y crítico estadounidense Fernando Puma (1919-1955), causando sensación en la prensa y atrayendo la atención de coleccionistas después de debutar en ese país, en la colectiva en la 27ª Exposición Anual del Museo de Brooklyn, en 1943.

El impacto de la obra de esta pintora fue tan significativo y apreciado por el sistema cultural estadounidense que ya en 1944 la autora era incluida en la exposición colectiva itinerante “Abstract and Surrealist Art in the United States”.

Organizada por el galerista Sidney Janis junto al Museo de Arte de San Francisco —Hoy SFMoMA— el inicio formal de la gira pública de la exposición inició el 8 de febrero de 1944 en el Museo de Arte de Cincinati (Cincinnati Art Museum, de Cincinnati, Ohio), donde permaneció hasta el 12 de marzo, para continuar hacia el Museo de Arte de Denver (Denver, Colorado), El Museo de Arte de Seatle (Seattle Art Museum: Seattle, Washington), el Museo de Santa Bárbara (Santa Barbara Museum of Art: Santa Bárbara, California), el Museo de Arte de Portland (Portland Art Museum: Portland, Oregón), el museo de Arte de San Francisco (San Francisco Museum of Art: San Francisco, California), desde donde partió hacia Nueva York, específicamente hacia la Mortimer Brandt Gallery, donde fue inaugurada el 29 de noviembre y estuvo abierta hasta el 30 de diciembre.

En esa galería se mostraron las piezas centrales de la muestra y en la misma se produjo el lanzamiento comercial del libro homónimo escrito por Janis: “El Arte surrealismo y abstracto en los Estados Unidos” (“Abstract and Surrealist Art in the United States”, Reynald & Hitchcock, New York, 1944).

Está documentado, como vemos, que Pollock, entre 1943 y 1944, todavía se presentaba a sí mismo con una obra que difería completamente de lo que ya caracterizaba las pinturas con las cuales Janet Sobel se había presentado a la escena artística estadounidense en la galería Puma, el 24 de abril de 1944: el chorreado o “dripping”.

Aún más: que la artista cultiva esta técnica desde, al menos, 1943.

Aún más: la Galería Gary Sinder publica en el sitio web una foto de la artista en el suelo, boca abajo, pintando con su técnica y rodeada de obras, al fondo de la cual podemos distinguir, parcialmente, una completamente abstracta.

En términos cronológicos, la obra abstracta elaborada mediante «action painting» (chorreado) por Janet Sobel antecede en cuatro años a la primera incursión en esta técnica del estadounidense, lo cual ocurrió en su obra “Galaxy”, de 1947, un lienzo y alumnio pintados en técnica mixta, tamaño 86.36 x 110.49 cm, hoy en el Joslyn Art Museum, en Omaha, Nebrasca.

Es conocido, además, que el contacto de Jackson Pollock por el accidente, más que por el chorreado, ocurrió en el taller de David Alfaro Siquieros en Nueva York, de quien era ayudante.

En su autobiografía —“Me llamaban el Coronelazo”, presuntamente terminada de escribir entre 1961 y 1964 y publicada en 1977, tras su muerte ocurrida en 1974— el mexicano expresó que investigaba las posibilidades que las pinturas industriales de Dupont para automóviles podían ofrecer a la pintura.

Agregó que Pollock no había hecho más que tomar el desperdicio que caía al suelo de su estudio en Nueva York.

En su autobiografía, textualmente, afirmó que desde 1936 en ese taller instruía a los alumnos a experimentar con el “accidente” y el “accidente controlado” de la materia pictórica sobre el lienzo, en este caso las lacas.

La intención era inducirlos a liberarse del pincel tradicional mediante el «vertido de lacas comerciales», especialmente las automotrices o Duco de Dupont, usando técnicas de «chorreado, salpicadura y goteo» directos sobre soportes colocados horizontalmente en el suelo.

Esta técnica de Siqueiros fue incorporada por el cubano Mario Carreño (n.

Cuba, 1913 – † Chile, 1999), quien en sus obras usó las lacas de piroxilina Duco desarrolladas por DuPont.

El expresionismo abstracto no surgió, pues, vinculado a esa recuperación del desperdicio (detritos) y su integración al espacio u objeto de la experiencia o relación estética que junto a la generalización del collage de Pablo Picasso (n.

España, 1881 -† Francia, 1973) y George Braque (Francia, n.

1882 – †1963), se extendió al los fotomontajes, constructos, artefactos “ready made” por el del dadaismo (Franz Harp, Marcel Duchamp, Francis Picabia) a la vez que por otras corrientes, como la denominada “Merz” (1919), propuesta de Kurt Schwitters (n.

Alemania, 1887 – †Estados Unidos, 1948): consistente en una especie de filosofía, modo de vida y convicción personal que recopilando fragmentos del mundo destruido por la Primera Guerra Mundial pretendía reconstruir, a partir de la basura, una nueva realidad estética y poética.

A estas corrientes artísticas que, a diferencia del expresionismo abstracto, se tranzaron por la recuperación física y conceptual de detritos, desperdicios, basura y objetos descartados por la sociedad se suman luego el «Nouveau Réalisme» o Nuevo Realismo (Francia, en 1960); el Junk Art o Arte Chatarra, (1950 – 1960), cuyos exponentes son Robert Rauschenberg y John Chamberlain; el Arte Povera o Arte Pobre, proclamado por el teatrista Jerzy Grotowski (n.

Polonia, 1933 – † Italia, 1999) en su libro «Hacia un teatro pobre” (1962), y seguido por Michelangelo Pistoletto (n.

Italia, 1933 – ), en instalaciones o artefactos y, finalmente y más próximo a nosotros: su versión europea o Informalismo, representada por Alberto Burri, en Italia; Jean Dubuffet y Jean Fautrier, en Francia, y el Grupo El Paso, surgido en 1957, en España, integrado por: Antoni Tàpies (1923–2012), Antonio Saura (1930–1998), Luis Feito (1929–2021), Rafael Canogar (1935), en el cual participó como «miembro satélite», el dominicano Fernando Peña Defilló (República Dominicana, 1926 – 2016).

La historia del arte correspondiente a estas corrientes que cuestionan el arte como propiedad individual y como objeto decorativo sin fin social está siendo perfeccionada hacia la exactitud avalada en pruebas, para edificar la opinión desinformada que al respecto poseen y emiten algunos opinantes.

Los registros fotográficos sobre aquella muestra itinerante, “Abstract and Surrealist Art in the United States”, permiten afirmar que el estilo de Pollock hasta entonces era el de un expresionismo lineal fiero que, mediante gruesas líneas y una atmósfera básicamente monocromática, describía su objeto —en esa oportunidad la obra titulada “The She-Wolf” (La loba) —reminiscencia romana—, de 1943, una pieza en técnica mixta de gouache, óleo y pastel sobre lienzo tamaño 42” x 67”.

Esta formidable corriente estaba siendo nutrida desde diferentes fuentes y participaciones, en las que destacan figuras de rol destacado en la historia del arte y la cultura del siglo XX como Janet Sobel (1893–1968), Arshile Gorky (1904–1948), Hans Hofmann (1880–1966), Wolfgang Paalen (1905–1959), Mark Tobey (1888–1976) y David Alfaro Siqueiros (1896–1974).

Gracias a ellos, las licencias representacionales que el surrealismo y el nuevo realismo aportaron a la inventiva artística encontraron formas factuales y rotundas desde las cuales expresarse y enriquecer las vías de constituir significados y bellezas.

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