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Politica

Las 21 leyes del liderazgo para cooperativistas (parte II)

«La grandeza de un directivo cooperativista no está en lo que logra para sí, sino en lo que hace posible para los demás.»- Anónimo

 

La primera entrega de esta serie despertó una reflexión que valía la pena continuar: liderar una cooperativa no es un cargo, es una disciplina que se ejercita todos los días. Iniciamos ese recorrido con las primeras siete leyes del liderazgo, entendiendo que quien dirige una cooperativa —desde un delegado hasta un miembro del Consejo de Administración— necesita algo más que buena voluntad; necesita principios que ordenen su forma de decidir, de relacionarse y de servir. Esa fue la promesa de la serie: convertir un clásico del liderazgo en una guía práctica para quienes administran, no poseen, los recursos que la membresía les ha confiado.

En esta segunda parte avanzamos con las leyes 8 a la 14, un tramo que profundiza en el carácter del líder cooperativista: su sentido de dirección, su disposición al esfuerzo, su preparación, su valentía, su ambición puesta al servicio del colectivo y su capacidad de empatía. Son leyes que no se aprenden en una sola lectura ni se dominan en una sola gestión; se cultivan con la práctica constante y con la humildad de saber que el líder cooperativista administra bienes que no le pertenecen. Vamos, pues, con la continuación.

  1. La ley de la Dirección

Las personas exitosas tienen un sentido de propósito y dirección en cada área de sus vidas. Mientras más enfocado esté un líder, más fáciles serán las decisiones que deba tomar. En una cooperativa, ese enfoque tiene un norte específico: el propósito nunca es la conveniencia personal del directivo, sino lo que mejor sirva a los intereses de los socios. Un consejo o una gerencia que pierde ese norte, por bien intencionada que sea, termina tomando decisiones dispersas. La dirección clara evita esa dispersión y convierte cada resolución del día a día en un paso coherente hacia el mismo objetivo: el bienestar del colectivo.

  1. La ley de la Compensación

Usted siempre será compensado —positiva o negativamente— por todo lo que hace. Para obtener más de la vida, debe encontrar la forma de dar más de sí mismo. Existe una correlación directa entre la calidad y cantidad de lo que aporta y la calidad y cantidad de lo que recibe. En el ámbito cooperativo esta ley cobra un matiz particular: la retribución no siempre es monetaria ni inmediata. Un directivo que invierte tiempo en formarse, en escuchar a las bases y en fortalecer los controles internos, está sembrando una compensación que se cosecha en confianza, en solidez institucional y en la continuidad de la cooperativa a largo plazo.

  1. La ley del Esfuerzo

Todos los logros valiosos requieren esfuerzo de parte de quien los persigue. Si un directivo aspira a lograr más para su cooperativa, debe estar dispuesto a trabajar por más tiempo y a poner más empeño del común. No hay atajos legítimos para el crecimiento institucional. Las cooperativas que se distinguen por su solidez financiera y su buena gobernanza no llegaron ahí por casualidad; llegaron porque alguien, en algún momento, decidió que el esfuerzo adicional era parte del compromiso adquirido con los socios al aceptar una posición de liderazgo.

  1. La ley de la Preparación

El desempeño impresionante siempre está precedido por una ardua preparación. Las personas que se desempeñan de forma excelente se preparan meticulosamente y prestan atención a cada pequeño detalle que diferencia a los ganadores de los perdedores; nunca actúan sin pensar. Para un directivo cooperativista, esto se traduce en llegar a cada asamblea, cada reunión de consejo y cada negociación con los deberes hechos: conocer los números, entender el marco regulatorio, anticipar las preguntas de los socios. La improvisación puede funcionar una vez; la preparación constante es lo que sostiene una gestión en el tiempo.

  1. La ley de la Valentía

La grandeza está en la habilidad de tomar decisiones pese a la adversidad y las contrariedades. Los líderes actúan correctamente a pesar de sus miedos. Ni el temor al fracaso ni el temor a la crítica pueden desviarlos de hacer lo que saben que es correcto. La gente confía aún más en ellos porque sabe que el miedo no domina su actuar. En una cooperativa, esta ley se pone a prueba cuando hay que tomar decisiones impopulares pero necesarias: ajustar una tasa, negar un préstamo mal estructurado, o señalar una irregularidad. El directivo valiente no busca ser el más querido en el momento; busca ser el más confiable en el tiempo.

  1. La ley de la Ambición

Los grandes líderes tienen una visión combinada con la determinación de realizarla. Siempre tienen una idea clara del futuro que quieren construir y la habilidad de comunicarla a los demás de forma inspiradora. Por eso, todo aquel que establece una meta, traza un plan y encamina a otros a ejecutar la estrategia para alcanzarla, se convierte en líder. Pero en el cooperativismo esta ambición tiene una dirección obligatoria: no es para el líder mismo, es para la cooperativa. El directivo cooperativista no ambiciona reconocimiento personal ni beneficio propio; ambiciona el crecimiento, la estabilidad y el futuro del colectivo al que sirve. Esa distinción es, quizás, la que separa a un verdadero líder cooperativista de un simple ocupante de cargo.

  1. La ley de la Empatía

Los grandes líderes son sensibles a las necesidades, los sentimientos y las motivaciones de las personas. Así como saben escuchar, piensan en el efecto que sus decisiones tienen sobre quienes los rodean. Son abiertos a la retroalimentación que reciben y, con su forma de liderar, le dan a la gente autoridad para sentirse más fuerte y más segura. En una cooperativa, donde cada socio es a la vez dueño y usuario, la empatía no es un gesto opcional: es una herramienta de gestión. El directivo que escucha a sus socios entiende mejor sus necesidades reales, diseña mejores productos y servicios, y construye una relación de confianza que ninguna campaña de mercadeo podría igualar.

Los beneficios para los cooperativistas

Estas siete leyes, igual que las siete anteriores, no son un ejercicio teórico: son una hoja de ruta con beneficios concretos para los socios. Un directivo con dirección clara toma decisiones más consistentes y menos erráticas. Un directivo que entiende la ley de la compensación invierte con paciencia en el fortalecimiento institucional. Un directivo que asume el esfuerzo y la preparación como hábitos reduce el margen de error en la gestión de los recursos de los socios. Un directivo valiente protege a la cooperativa de decisiones cómodas pero riesgosas. Un directivo con ambición bien dirigida antepone el colectivo a sí mismo. Y un directivo empático construye una cooperativa donde el socio se siente escuchado y representado, no solo administrado.

Al final, cada una de estas leyes converge en un mismo principio: quien dirige una cooperativa es un mayordomo, no un dueño. Administra bienes, confianza y expectativas que no le pertenecen, y por eso su liderazgo debe estar a la altura de esa responsabilidad. En la tercera parte de esta serie continuaremos con las leyes restantes, siempre con la misma convicción: un mejor líder cooperativista construye una mejor cooperativa, y una mejor cooperativa construye una mejor comunidad.

 

Víctor Ventura, Presidente del Consejo de Administración Central,  COOPEMIC

 

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