Qué alivio.
Resulta que los abusos policiales no serían un problema de la Policía, sino de los agentes de «vieja data».
Los nuevos, formados bajo el flamante modelo de reforma , representarían la evidencia de que todo marcha según el libreto.
Bastaría entonces con jubilar a los veteranos para resolver un problema que lleva décadas acompañando a la institución.
Lástima que los ciudadanos no tengan forma de distinguir quién los detiene en la calle.
Ningún policía exhibe en el uniforme la fecha de su promoción antes de pedir documentos o desenfundar el arma.
Lo único que importa es si respeta la ley.
Mientras los atropellos sigan ocurriendo, la coartada generacional servirá para aliviar conciencias, pero no para convencer a quienes solo alcanzan a ver el mismo uniforme.
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