Marta Quéliz, editora L2 Guardando la distancia, porque los niños se merecen todo el respeto del mundo, aunque lamentablemente, algunos padres no se lo dispensan, pero qué gran tristeza me da ver cómo en los últimos tiempos éstos están siendo utilizados por quienes deberían proteger su integridad física y emocional.
Desde mi óptica, están siendo ellos los nuevos “títeres”.
En las redes podemos verlos bailando, cantando, haciendo ‘moriquetas’, hablando de temas no aptos para su edad, y en fin, expuestos a veces hasta vestidos de manera inadecuada.
Es una pena saber que estamos viviendo esta realidad.
En otras oportunidades he tocado el tema y he visto a otras personas abogando por la protección de los niños, pero es como ladrarle a la luna.
Imagino que las autoridades competentes dirán: “Si a sus padres no les duele utilizarlos como ‘títeres’, a nosotros menos”.
Pese a que ciertamente, los progenitores deberían asumir su responsabilidad, entiendo que así como hay castigo para quienes golpean a sus hijos, los maltratan…, debería existir un régimen de consecuencia para quienes los utilizan hasta para ganar ‘views’ en sus plataformas a costa del daño que pueden causarles con una exposición inadecuada.
Hace unos días vi a una niña bailando hasta más no poder.
Un grupo de adultos la veía y normalizaba la acción, porque de hecho, así es que se asumen estos actos: normales.
El caso es que si inapropiado era el baile, más inadecuada era su vestimenta.
Llevaba una camisetita con la barriga afuera y un pantaloncito que más cortito no podía ser.
Bastó con un sólo segundo que vi del video para llenarme de impotencia.
Todos reían como si la niña fuera un payaso, un títere o una humorista.
Me puse tan triste que decidí escribir de nuevo sobre el tema a ver si por fin se ponen reglas que amparen a los niños, pues si las cosas siguen así, sin exagerar, esto se irá tornando como una forma “natural” de pornografía infantil.
En lo que a mí respecta, por ahora lo único que puedo hacer es llevar a esos niños a una ciudad fabulosa donde puedan vivir su infancia a plenitud jugando bajo un árbol, corriendo en el parque, formando rompecabezas o construyendo con bloques.
Donde se olviden de que deben repetir como loros sus ocurrencias para que todo el mundo las vea y goce a costillas de ellos porque eso “vende”.
Quienes exponen a los niños en redes sociales, sobre todo, de forma inadecuada y utilizándolos como marionetas, en esta ciudad fabulosa lo paga hasta con cárcel.
No por dos o tres días, sino por el tiempo que amerite la gravedad del caso.
Con la protección de los niños no se juega y todos lo saben.
Tan diferente a nuestra realidad donde ellos cada día están más expuestos al peligro y, sin exagerar, a perder su niñez, pues al parecer, han pasado a ser los nuevos títeres de la época.
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